Ciencia y Tecnología
La generación ansiosa, el controversial «bestseller» sobre redes sociales y la salud mental de niños y jóvenes
El psicólogo Jonathan Haidt es autor del libro La generación ansiosa: Por qué las redes sociales están causando una epidemia…

El libro que encabeza actualmente la lista de bestsellers de “no ficción” del New York Times es La generación ansiosa: Por qué las redes sociales están causando una epidemia de enfermedades mentales entre nuestros jóvenes. Se trata de una jeremiada contra las redes sociales y su impacto en los jóvenes. Su tesis es que aplicaciones como Facebook, Instagram y TikTok han desatado una epidemia de enfermedades mentales entre niños, preadolescentes y adolescentes. Se requieren medidas inmediatas y extremas para revertir esta tendencia. Su autor, el psicólogo social de la Universidad de Nueva York Jonathan Haidt, lo ha promocionado por todas partes. Los padres se han unido en torno a su tesis, y las afirmaciones de Haidt han echado gasolina a un movimiento en ebullición para aprobar nuevas leyes que limiten las redes sociales. Pero una reseña publicada en Nature, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo, puso una nota más crítica: «La reiterada sugerencia del libro de que las tecnologías digitales están recableando el cerebro de nuestros hijos y provocando una epidemia de enfermedades mentales», escribió Candice L. Odgers, profesora de ciencias psicológicas de la Universidad de California en Irvine, «no está respaldada por la ciencia».
Con los niños no se juega
Esta disputa académica tiene consecuencias reales, se trata de los niños. Cuando me puse en contacto con Odgers para obtener más información, estuvo encantada de atenderme. Tanto ella como sus colegas académicos parecen ver la masiva aceptación pública del libro de Haidt como un espectáculo de terror en cámara lenta: «Llevo 20 años investigando la salud mental de los adolescentes y desde 2008 haciendo un seguimiento de los teléfonos de adolescentes de entre 10 y 14 años», esgrime. Odgers asegura que el consenso de la comunidad que realmente estudia estas cosas para ganarse la vida es que no hay pruebas de las afirmaciones de Haidt de que las redes sociales han desencadenado una epidemia de salud mental entre una generación cuyos cerebros fueron revueltos por los teléfonos inteligentes. Haidt me remitió a una serie de estudios, entre ellos un metaanálisis de 2022 de 226 estudios con 275,728 participantes. «La asociación entre el uso de las redes sociales y el bienestar era indistinguible de cero», informaron ella y su coautor. Un estudio realizado el año pasado por la Academia Nacional de Ciencias concluyó que no había pruebas suficientes para relacionar las redes sociales con cambios en la salud de los adolescentes. Pide más investigación, medidas para minimizar cualquier daño de los medios sociales y también pasos para maximizar su beneficio.
¿Hay pruebas de que las redes sociales afectan la salud mental de niños y adolescentes?
Odgers y un colega sí encontraron algunos estudios que indicaban que los medios sociales podrían tener efectos sobre la salud, pero cuando los investigaron, esos experimentos no estaban dirigidos necesariamente a niños. «Los participantes solían ser mujeres de mediana edad reclutadas por internet o pequeñas muestras de estudiantes universitarios a quienes se pedía que renunciaran a los medios sociales e informaran de cómo se sentían», escribieron Odgers y su colaborador en un artículo titulado «Let’s Stop Shaming Teens About Social Media Use» («Dejemos de avergonzar a los adolescentes por el uso de los medios sociales»). Su conclusión es que, aunque existe un preocupante aumento de los problemas de salud mental entre los jóvenes, especialmente las chicas, nada más allá de una reacción visceral nostálgica indica que las redes sociales sean las culpables.
Cuando se lo expuse al propio Haidt en una entrevista telefónica, él estaba bien preparado. Describe el rechazo a su trabajo como «una disputa académica normal», y tiene el mérito de haber respondido a algunas de las críticas en sus publicaciones de Substack. No planea retractarse de su tesis: «No voy a convencerles, ni ellos van a convencerme a mí», esgrime. «Cada quien expondrá sus mejores argumentos, y luego el resto de la comunidad académica sintonizará y decidirá si hay pruebas de daño aquí».
La navaja de Ockham
Uno de los argumentos más sólidos de Haidt es que parece obvio que las redes sociales desempeñen un papel en el aumento de los problemas de salud mental, aunque otras causas sean igual de probables. «Podemos afirmar con seguridad que los adolescentes son susceptibles a los estados de ánimo y las creencias de otros adolescentes; siempre ha sido así», sentencia. «También podemos decir que las chicas lo son más que los chicos; comparten más las emociones de los demás. Así que la idea de que las chicas captan la depresión y la ansiedad de otras chicas creo que no es controversial. La pregunta es: ¿qué más captan? Y no lo sabemos. Nadie lo sabe».
Pues sería útil saberlo. Este argumento es importante, en parte porque los legisladores y reguladores de EE UU, la Unión Europea y el Reino Unido están estudiando restricciones sobre cómo (y si) los menores deben acceder o no a las redes sociales. Tendría cierto sentido que la amenaza se determinara o debatiera sobre bases científicas sólidas. En EE UU, el principal proyecto de ley es la Ley de Seguridad Infantil en Internet (Kids Online Safety Act, KOSA). La mayoría del Senado ha respaldado este proyecto de ley, pero algunas organizaciones de defensa de las libertades civiles y de la libertad de expresión piensan que el proyecto va demasiado lejos. Tras las objeciones de las organizaciones LGBTQI+ de que el proyecto de ley negaría a los jóvenes el acceso a los recursos, sus autores hicieron reescrituras para mitigar ese peligro. Pero los detractores consideran que el proyecto sigue otorgando demasiada autoridad a los funcionarios estatales y locales para censurar contenidos en las redes sociales en nombre de la protección de la infancia. Otro proyecto de ley prohibiría totalmente las redes sociales a los menores de 13 años, aunque a algunos les preocupa que, si se aprobara, aparecerían aplicaciones furtivas que ofrecerían aún menos protección que las convencionales.
Dejando a un lado la cuestión de correlación contra causalidad, algunas de las críticas de Haidt a las redes sociales dirigidas a los niños parecen indiscutibles. Los propios estudios de Meta demuestran que Instagram puede tener un efecto negativo en las adolescentes. También está claro que empresas como Meta, propietaria de Instagram y Facebook, no han hecho lo suficiente para proteger a los niños. Durante la dolorosa comparecencia de Mark Zuckerberg en una audiencia del Senado el pasado mes de enero, en la que el CEO de Meta se lamentó ante los padres cuyos hijos se suicidaron tras interactuar en su plataforma, el senador Richard Blumenthal reveló una condenatoria cadena de correos electrónicos de 2021. Los principales ejecutivos de Meta, entre ellos el entonces vicepresidente de asuntos globales, Nick Clegg, el director de producto, Chris Cox, y la entonces directora de operaciones, Sheryl Sandberg, suplicaron más recursos para abordar la seguridad y el bienestar de los niños, exponiendo planes detallados que incluían más empleados trabajando en el problema. Pero Zuckerberg rechazó el plan, básicamente porque no quería gastar el dinero. El portavoz de Meta, Andy Stone, declara que la empresa ha desarrollado más de 50 herramientas para ayudar a los adolescentes a tener experiencias seguras.
Alcohol, cigarrillos, rifles automáticos y redes sociales
Pero aunque Haidt critica duramente la inacción y la codicia de las empresas tecnológicas, atribuye la mayor parte de la responsabilidad a la propia tecnología. Clasifica las redes sociales como intrínsecamente malignas, como el alcohol, los cigarrillos y los rifles automáticos. Es una conclusión muy dura, sobre todo si apenas hay pruebas poco sólidas, o ninguna, de que esas aplicaciones sean la causa principal de los problemas de salud mental de los niños. Sobre todo porque, a diferencia de la nicotina, el alcohol y los AR-15, esas aplicaciones tienen beneficios tangibles para los jóvenes.
Sí, algunos niños sufren porque las redes sociales les exponen a acosadores, les hacen odiar su cuerpo o les exponen a publicidad poco saludable. Aunque también un amplio estudio de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE UU (CDC) reveló que durante la pandemia se produjo una crisis de salud mental entre los adolescentes, con tasas alarmantes de suicidio, pero las redes sociales a veces podían mitigar esos problemas. El estudio descubrió que el acoso que sufrían los niños tenía menos probabilidades de provenir de sus compañeros en Instagram que de sus propias familias. Y los medios sociales en realidad ayudaron a esos niños: «Los jóvenes que se sentían más conectados con la gente en sus escuelas tenían una mejor salud mental», escribió el CDC en una página de resumen, en una sección llamada «La conectividad protege a los jóvenes.»
«No vamos a detener el gran recableado de la humanidad»
Haidt se queda corto con la idea de que las redes sociales tienen beneficios. Intencionadamente o no, sus argumentos podrían llevar a que los chicos recibieran menos información útil y relevante para sus vidas. «En general, centra la tecnología como la mayor causa de todos los problemas de los jóvenes, lo cual no es exacto», señal´o en un podcast reciente la estudiosa tecnosocial Danah Boyd, fundadora de la organización de investigación sin fines de lucro, Data & Society. «Tiene mucho éxito porque alimenta las ansiedades de los padres».
Taylor Lorenz, periodista del Washington Post que cubre las redes sociales, y autora del reciente libro Extremely Online: The Untold Story of Fame, Influence, and Power on the Internet (Extremadamente en línea: la historia no contada de fama, influencia y poder en Internet). Es perjudicial porque, como muchos grupos LGBTQI+ y otros han dejado muy claro, las redes sociales son un salvavidas para millones y millones de personas», opina, «y la idea de que el tiempo frente a la pantalla es intrínsecamente malo es también una idea regresiva». Los mismos argumentos que él utiliza son los que la gente utilizó en su día para prohibir los cómics, la radio y todas las nuevas formas de medios de comunicación.»

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