Ciencia y Tecnología
5 monstruos japoneses que aterrorizan a la población hoy en día
Fantasmas malignos disfrazados de mujeres, objetos poseídos por espíritus iracundos, diosas…
Los kami japoneses no sólo son dioses, como los entendemos en Occidente: seres omnipresentes y omnipotentes que, por alguna razón, quieren jugar con el destino de los humanos. Esto no les priva, sin embargo, de querer hacerle bromas o poseer el alma de los seres humanos que interfieren con su espacio sagrado. Conocidos como kami, o kami-sama (si se les quiere hablar con respeto), el término cobija a cualquier espíritu o persona ejemplar que exista. Incluso si son monstruos japoneses.
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¿Cuáles son los monstruos japoneses más temibles?
Tsukumogami
El fantasma de la linterna, de Hokusai (1826/1837)
Para la cosmovisión japonesa, incluso en la actualidad, el mundo espiritual no está separado del plano terrenal. Por el contrario, co-existen y conviven en un mismo espacio. Esto es herencia del shintō, o sintoísmo, la religión originaria del archipiélago. La base de la creencia es sencilla: todo está dotado de esencia, por lo que tiene alma. Por lo cual, es común que los kami (o dioses, espíritus) tomen elementos de la vida humana para usarlos como herramientas.
A esta ‘posesión divina’ se le conoce como Tsukonogami (付喪神): literalmente, herramientas tomadas por dioses. Estas apariciones sobrenaturales quedaron documentadas en la colección de poemas Tales of Ise (伊勢物語) del siglo XVI, en las que se registra ésta y otras interacciones de los dioses con los seres humanos. En esta antología, se muestra cómo los espíritus del bosque se convierten en zorros y otros animales místicos. Por lo cual, los Tsukonogami no sólo toman la forma de cosas, sino de otros seres vivos.
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Amaterasu
Representación de Amaterasu, la diosa japonesa del Sol.
Amaterasu es la diosa-niña del disco solar. Según lo traduce el historiador Mark Cartwight para World History Encyclopedia, el término significa “la gran divinidad que ilumina el cielo”. No sólo el cielo físico, en la bóveda celeste, sino del plano celestial. Como tal, es la soberana de todos los kami que existen. Por lo cual, es la deidad más poderosa de todo el shintō.
Considerando que los kami no sólo son seres de luz, Amaterasu también es la gobernante de todos los monstruos japoneses. Después de una batalla con el dios del inframundo, ella salió victoriosa, y también sobrevee el reino de las sombras. No sólo eso: los japoneses creen que todos sus emperadores son descendientes directos de la diosa solar. De hecho, al emperador Naruhito, que gobierna de manera simbólica el país hoy en día, también se le considera una especie de kami, y heredero directo de la diosa-niña.
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Gashadokuro
El guerrero Mitsukuni desafiando al espectro esqueleto invocado por la princesa Takiyasha
Gashadokuro se traduce del japonés como “esqueleto hambriento”. Como algunos de los yōkai —o espíritus— más poderosos, las leyendas los describen como ‘20 veces más grandes que una persona promedio’. Por lo cual, entre los monstruos japoneses, son de los más grandes y aterradores. Se piensa que nacen del rencor que guardan los seres humanos, que se considera como una de las ‘energías residuales’ más oscuras y potentes.
Aparecen después de medianoche, según la tradición oral, para tomar por sorpresa a los viajeros solitarios y arrancarles la cabeza. Entonces, se dan un festín con su sangre. Según la superstición, se sabe que un Gashadokuro está cerca por un zumbido clásico en los oídos. De presentarse en las noches, más valdría salir corriendo de ahí, antes de que aparezca el esqueleto hambriento.
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Kekkai
Una mujer embarazada, potencialmente víctima de un Kekkai o monstruo del parto.
Kekkai tiene dos acepciones en la cosmovisión japonesa. La primera, tiene que ver con un espacio sagrado en el budismo, como un templo o un camposanto. La otra, según el catálogo de monstruos japoneses Yōkai, está relacionada con los espíritus malignos conocidos como “coágulo sanguíneo”, la traducción literal de la palabra.
Se les conoce así porque, típicamente, aparecen durante la labor de parto. Estos monstruos japoneses pertenecen a un género de espíritus malignos conocidos como sankai, registra el catálogo, que se traduce literalmente como “monstruo del parto”. Generalmente, son pequeños y parecen monos ‘feos’. Con dos lenguas, en ocasiones nacen durante la labor de parto en lugar de bebés humanos.
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Rokurokubi
A la izquierda, un Rokurokubi y a la derecha, un Nukekubi.
Disfrazadas de mujeres sensuales durante el día, los Rokurobi son espíritus que devoran hombres jóvenes. Destacan entre otros monstruos japoneses por tener un cuello larguísimo y serpenteante, sólo revelan su verdadera naturaleza durante las noches. El problema es que algunas de las mujeres que hospedan a estos espíritus no se dan cuenta de que están poseídas. Por el contrario, generalmente piensan que estas jornadas de cacería nocturnas son producto de pesadillas —aunque realmente están en busca de carne humana.
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