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¿Quiénes fueron los primeros habitantes de la Sierra Tarahumara?

¿Quieres saber cómo era la vida en esta región hace miles…

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Viajemos al norte de México. La arqueología americana suele detenerse fervorosamente en la región central del continente, describiendo con ahínco el pasado mesoamericano y los alcances de sus grandes civilizaciones. Sin embargo, ¿qué ocurría en el norte de México hacia el año 1000 de la era cristiana? Durante el llamado Posclásico —temprano y tardío— con el desarrollo del Imperio mexica, en la apartada región montañosa del estado de Chihuahua las poblaciones aún se desplazaban entre cuevas y barrancos con afanes de supervivencia.

En este texto hablaremos de la historia de ese norte, no obstante, y sobre todo, de cómo se transformó poco a poco en un espacio habitable y habitado por comunidades que han caminado por simas y cúspides a lo largo de siglos. El antropólogo francés André Leroi-Gourhan (en Le Breton, 2011:7) asegura: “La especie humana comienza por los pies”, lo cual se confirma en la impresionante vastedad de un territorio que ha sido “aprehendido” por los seres humanos desde el desplazamiento y la interacción con el ambiente.

La Sierra Tarahumara

Nuestro escenario es la Sierra Tarahumara, una cadena montañosa de procedencia volcánica y tectónica, originada durante la era Cenozoica hace aproximadamente 80 millones de años; forma parte de la Sierra Madre Occidental entre los 26° y 29° latitud norte y 106° y 109° longitud oeste. Sus cimas se calculan con más de 2500 metros sobre el nivel del mar y su clima es heterogéneo: aridez en la tierra, densos bosques y fuertes nevadas en lo alto durante el invierno, así como climas cálidos y húmedos propios de una selva baja caducifolia en las profundas barrancas. Asimismo, la presencia de grandes cuerpos hídricos que fluyen a lo largo de toda la sierra influye en el contexto ecológico. El complejo de los ríos Verde, Urique y Batopilas acarrea minerales, modela los suelos y permite una vegetación muy variada en las zonas bajas.

La Sierra Tarahuamara es una serie montañosa incorporada a la Sierra Occidental, Chihuahua, Méx. Está conformada por numerosas barrancas de hasta 1,880 m de profundidad.Blanca María Cárdenas Carrión

Los ancestros de los tarahumaras datan de hace 12,000 años, con la de migraciones provenientes del norte, como del actual estado de Arizona, EUA, y sus regiones aladeñas.Blanca María Cárdenas Carrión

En lo escarpado de sus paisajes, esta sierra ha sido el hogar de numerosos grupos humanos por miles de años. En la actualidad, encontramos pueblos rarámuris o tarahumaras, óódami o tepehuanes del norte, o ́oba o pimas, y warijó o guarijío, además de comunidades mestizas. Sin embargo, antaño, es posible que la riqueza cultural, identitaria y territorial fuera mucho más diversa. De hecho, hace 12,000 años que nuestro escenario se encuentra poblado por seres huma- nos; en un inicio, por grupos de caminantes que migraban desde el norte del continente con tecnologías líticas como puntas clovis para la caza de megafauna.

PAQUIMÉ ES UNO DE LOS ASENTAMIENTOS TARAHUMARAS MÁS ANTIGÜOS (700 A. C.-1450 D. C.)

La era «canastera» es un periodo antropológico para identificar un periodo antiguo de la cultura rarámuri; asimismo, esta actividad de cestería prevalece hasta la actualidad.Blanca Marí

Etapa canastera

Los seres humanos no sólo sobrevivimos, sino que existimos de maneras específicas, determinadas por nuestra cultura y basadas, en principio, en una relación recíproca que mantenemos con nuestro entorno. Por otro lado, las condiciones ecológicas de la Sierra Tarahumara permitieron el desarrollo de sus habitantes y, al mismo tiempo, lo condicionaron, fomentando la creación de estrategias precisas que pudieran garantizar la supervivencia.

Ahora bien, la Sierra Tarahumara siempre ha sido un lugar de desplazamientos. Grupos humanos de hábitos forrajeros de caza y recolección, se apropiaron de este espacio 2,000 años antes de la era cristiana, practicaban la pesca en las cañadas y desarrollaron una agricultura rudimentaria que ya incluía el cultivo de un tipo de maíz conocido como “chapalote”. En tanto, los núcleos familiares de entonces, eran pequeños y su habitación era estacional en función de las temporadas del año y la abundancia de los recursos.

ADEMÁS DE LOS RARÁMURIS, EN LA SIERR A HABITAN PUEBLOS ÓÓDAMI, TEPEHUANES, WARIJÓS Y OTROS MÁS

La arqueología de la sierra ha denominado a este momento inicial como etapa canastera (Basket Maker) caracterizada, como su nombre lo indica, por la elaboración de cestería tejida en redondo y hecha de palmilla y sotol. Del mismo modo, algunas excavaciones en contextos mortuorios atestiguan la presencia de estos canastos —wari en rarámuri—, los cuales se siguen elaborando en las rancherías para conservar y transportar granos y otros alimentos.

En la Tarahumara hay registros humanos que datan desde hace más de 10,000 años, ya para el 2000 a.C., existía una agricultura primitiva, cacería y pesca en los ríos de las cañadas. En esa época, la permanencia en algún lugar dependía del clima de las estaciones.Blanca María Cárdenas Carrión

LOS PUEBLOS TARAHUMARAS GUARDAN SUS ORÍGENES EN LA HERENCIA YUTO-NAHUA DEL NORTE

La forma redonda de estos canastos permanece como un elemento protagónico en la cosmología tarahumara; una reminiscencia que ha viajado hasta nuestros días como parte de un código de existencia presente en la urdimbre de sotol, en la forma de un tambor que se toca para anunciar la Semana Santa, en la alineación de los danzantes que giran al ritmo de una sonaja, el violín y una guitarra, y en la hechura de una tortilla de maíz al calor del fuego. El mundo —la “gran tortilla”— es redondo como los canastos de los antiguos ancestros.

Etapa de cuevas

Tras un momento intermedio conocido como etapa transicional (Waterfall Cave), se consolidó una columna migratoria de bandas con herencia de la cultura hohokam, provenientes del sur de Estados Unidos (hoy territorio de Arizona) y habituadas al alojamiento en acantilados, abrigos rocosos y construcciones de adobe. Su presencia inauguró una etapa de cuevas (Cave-Dwelling) que constituyó un cambio significativo en la vida serrana y permitió la difusión de prácticas tales como la cerámica, el cultivo de maíz, frijol y calabaza, el uso de bastón plantador y la caza de venado, bisonte, liebre y conejo.

La mayoría de los rarámuri o tarahumaras se localiza en Chihuahua. En la filosofía de estos pueblos es primordial el respeto a la naturaleza y a la persona.Blanca María Cárdenas Carrión

La mayoría de los rarámuri o tarahumaras se localiza en Chihuahua. En la filosofía de estos pueblos es primordial el respeto a la naturaleza y a la persona.Blanca María Cárdenas Carrión

Mientras que la elaboración de canastos revela una forma de vida nomádica, en tanto éstos son artefactos perecederos que permiten el transporte ligero de alimentos, la habitación en cuevas y la manufactura de piezas cerámicas desvela un cambio importante respecto a grupos seminómadas y la construcción de ambientes mucho más estables. Un recorrido de superficie por la región constata lo anterior. Las incontables cuevas de la Sierra Tarahumara presentan evidencia de acción humana por un tiempo prologado. La prueba arqueológica asegura que estos espacios se emplearon con fines habitacionales, aunque también como lugares de enterramiento. Asimismo, iniciado por el explorador del siglo XIX, Carl Lumholtz, se ha realizado un registro cuidadoso de las pinturas rupestres con figuras zoomorfas, antropomorfas, líneas rectas y cuadrículas en colores negro y rojo, mismas que dan vida a las paredes de los abrigos rocosos.

El caso de la cueva de la Olla es emblemático también para la arqueología del hábitat, pues se trata de una cavidad rocosa que tiene construcciones de adobe colado que permanecen en pie como un ejemplo de vivienda y delimitación del espacio. Esta cueva, en realidad, se ubica en la actual frontera entre México y Estados Unidos, hacia la región Mogollón (sur de Nuevo México), y es parte de la gran urbe conocida como Paquimé o Casas Grandes, próspera, aproximadamente, entre el año 700 y hasta su colapso en 1450. Esta ciudad fue central en el intercambio, el comercio y la producción cultural.

Pobladores e historias

Los pueblos que habitan en la actualidad la Sierra Tarahumara son herederos de una tradición de caminantes que, con sus pies y trayectos, construyeron su territorio entre canastos, ríos y cuevas. Lingüística y culturalmente estos pueblos mantienen un vínculo ancestral con los grupos étnicos del sur de los Estados Unidos y responden a una herencia yuto-nahua, que traza una historia poblacional y geográfica arraigada desde el estado de Utah, Estados Unidos, hasta Centroamérica.

ESTA SIERRA HA SIDO EL HOGAR DE NUMEROSOS GRUPOS HUMANOS A LO LARGO DE MILES DE AÑOS

Uno de los rasgos que permanecen en el marco de esta herencia es el relato sobre el Señor Sal, un mendigo que, en tiempos lejanos, llegó a las aldeas serranas para pedir alimento y asilo. La hospitalidad sería recompensada con las costras de mugre que cubrían el cuerpo de este hombre quien, aseguraba, servirían para dar buena sazón a los platillos. No obstante, los habitantes de la sierra aborrecieron esta proposición y expulsaron al mendigo sin saber que las costras eran realidad de sal, un mineral y condimento muy escaso en la región.

Desde un punto de vista geológico, la Sierra Tarahumara es una formación con presencia de suelos de riolita, andesita (rocas ígneas volcánicas), creta (roca sedimentaria porosa) y caolín (arcilla blanca). La sal es escasa, y por otro lado, la historia del Señor Sal —representado por una mujer proveniente de Salt Lake City en otras versiones del cuento— es compartida por varios pueblos serranos que reconocen como moraleja la importancia de la acogida y la reciprocidad a cambio de la mezquindad que trae pérdidas y sacrificios.

En contacto

La llegada de los europeos al norte de México ocurrió a mediados del siglo XVI. En 1562, algunos frailes franciscanos entablaron relaciones con las poblaciones serranas con el objetivo de enseñarles castellano y promover la instrucción de la religión católica. La Sierra Tarahumara quedó comprendida en el entonces llamado territorio de la Nueva Vizcaya y comenzó un lento y siempre inconcluso proceso de cambio en su organización política con la conformación de Pueblos de Misión.

La palabra rarámuri significa «corredores ligeros» o «los de los pies ligeros», y nos remiten a una antíquisima tradición cultural-religiosa que es correr o participar en carreras.Blanca María Cárdenas Carrión

El jesuita catalán Juan Fonte se entrevistó por primera vez con los rarámuri en la zona de Balleza en los albores del siglo XVII (entre 1607 y 1610). Previo a esto, Fonte había tenido ya contacto con la población tepehuana en el valle de San Pablo y bajo su influencia, denominó como “taraumaros” a su gran hallazgo. Entre los archivos encontrados, se encuentran documentos epistolares redactados por este misionero. La carta annua de 1611 es de contenido etnográfico y describe la vivienda en cuevas y la gran movilidad que presentaba esta cultura, así como las actividades para la obtención de recursos.

Los pueblos que hoy pueblan la Tarahumara vienen de una cultura centenaria de caminantes que con su andar levantaron sus pueblos, sus caminos, y hoy aún guardan sus tradiciones.Blanca María Cárdenas Carrión

Concluyamos, pues, este relato sobre el pasado remoto de la Sierra Tarahumara y sus primeros pobladores, con la crónica de Fonte, quien se convirtió muy pronto en un caminante: “Lo que yo andube es razonable, y la morada de esta gente es en cuevas, que las hay muchas en su tierra, de las cuales hay algunas tan capaces que viven en ellas toda una parentela, haciendo cada casado su casa dentro de ella de piedra y barro, no mayor de lo que es menester para dormir en ella tres o cuatro personas, y tan bajas que no puede estar un hombre de pie dentro. Y la puesta por donde se entra es como la boca de un horno de pan, de manera que más parecen sepulturas que casas.

(…) Siembran maíz y frijoles con alguna abundancia, que, aunque es verdad que siembran algunas sementeras, pero porque es tierra fría no se da bien el maíz. Las avenidas de los ríos y arroyos les suelen llevar sus tierras y les es muy dificultoso labrar otras de nuevo por falta de instrumentos. Los que ellos usan son unos palos, y también por estar toda aquella tierra llena de pinos, que es necesario cortarlos para que con sus sombras no ahoguen el maíz”. (en González, 1987: 189).

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