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Correr para sobrevivir, las adaptaciones de los guepardos

A los humanos nos fascina la velocidad, durante 3 Juegos Olímpicos el mundo se pegaba a la pantalla que tuviera a la mano – fuera del televisor, la computadora o el celular – para ver cómo Usain Bolt corría 100 metros en menos de 10 segundos. Mientras que estas proezas son exclusivas de tan solo un puñado de atletas en una población de millones de personas, para los guepardos o chitas (Acinonyx jubatus), el animal terrestre más veloz del planeta, alcanzar a Bolt sería un esfuerzo menor.

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Máquina de velocidad

Usain Bolt corría en promedio a 37 kilómetros por hora (km/h), con una velocidad máxima de casi 45 km/h; un gato doméstico bien ejercitado – que no esté pasado de croquetas – puede alcanzar velocidades de hasta 48 km/h. Por más que las proezas del jamaiquino nos parezcan asombrosas es impactante considerar que un gato doméstico lo podría vencer en una carrera.

Estos pequeños pronto crecerán en asombrosas máquinas de velocidad.StuPorts /iStock

Sin embargo, ambos palidecen si a la carrera entra un guepardo, felino cuyo cuerpo ha evolucionado para alcanzar un promedio de 100 km/h, una velocidad a la que los humanos solo aspiramos por medio de vehículos de motor – o una pendiente muy pronunciada -.

Y es que prácticamente podríamos afirmar que no hay parte en el cuerpo de un guepardo que no contribuya a hacerlo una máquina de correr a velocidades extremas.

Nacidos para correr

Los velocistas olímpicos consiguen sus marcas tras años de intenso entrenamiento y un físico y genética privilegiados – como altura, músculos fuertes y piernas largas -, es decir, no cualquiera puede lograrlo. Pero en el caso de esta especie de felino todos tienen las mismas características – aunque algunos individuos sí pueden correr un poco por encima del promedio -.

Explicar la biomecánica de un animal tan impresionante es bastante complejo; así como un coche deportivo, todas sus partes cumplen una función, y aunque su diseño exterior suele ser lo más llamativo lo que hay en el interior es lo más importante.

En este caso, el motor de los felinos, sus sistemas cardíaco y respiratorio, que proveen de sangre oxigenada al cuerpo, son más grandes de lo normal. Los senos y fosas nasales son más amplios, mientras que los pulmones, hígado y corazón son hasta tres veces más grandes que los de un león en proporción con su cuerpo.

Si bien todo el cuerpo del felino es aerodinámico, en su motor es donde ocurre la magia.jacobeukman

Ciertos huesos, como la tibia y el radio son más largos, esto contribuye a una zancada más larga. Los fuertes músculos trabajan en conjunto con una columna vertebral muy flexible para conseguir más potencia en cada zancada – generando fuerza mientras está contraída y liberándola al extenderse -, hacerla más o menos frecuente e inclusive cambiar de velocidad.

Las patas son diferentes a lo que se esperaría de un felino, en primer lugar no tienen la capacidad de retraer por completo sus garras, y en segundo lugar sus almohadillas son más largas y cuentan con crestas transversales. Estas adaptaciones proveen a los guepardos de mayor adherencia y tracción durante las carreras para obtener presas.

Finalmente, con una longitud de dos terceras partes de su cuerpo, su cola funciona como un contrabalance y como un timón, que contribuye a que no pierdan el equilibrio durante los cambios bruscos de dirección que algunas de sus presas suelen hacer al intentar escapar.

Como si volaran, entre cada zancada puede haber hasta 6 u 8 metros de distancia.GP232 /iStock

La carrocería y sistema de ventilación

El pelaje tan característico en la cara de los guepardos – las manchas debajo de los ojos que parecen lágrimas – contribuyen a reducir el brillo del sol. Por otra parte, la principal función de sus manchas moteadas es de camuflaje.

Si bien la velocidad es su fuerte, ante presas que están alertas de cualquier amenaza, vale la pena estar lo más cerca posible antes de iniciar el arranque.

Por ello estos felinos son pacientes y primero se posan en un lugar alto desde el cual observan sus opciones. Sus ojos les permiten ver a una distancia de casi 5 kilómetros, con lo cual evalúan tamaño, edad y otras características que les faciliten la captura.

Una vez elegida la presa, si el terreno lo permite, se acercan sigilosamente, y cuando están a buena distancia inician un potente arranque digno de auto deportivo, de 0 a 100 km/h en 3 segundos. Si no hay oportunidad de usar el sigilo, entonces comienzan la carrera desde antes con la esperanza de que su próxima comida reaccione tarde.

: La defensa de algunas presas es su tamaño, aún así el guepardo sabe elegir al eslabón débil.Byrdyak /iStock

Sin embargo, como auto de carreras, la velocidad de la que es capaz el guepardo también se traduce en muy poca fuerza para pelear. Aunque tengan éxito, si un león o un leopardo intentan robarle su comida, ellos no pelean, simplemente tienen todas las de perder.

Tampoco pueden mantener la potencia por mucho tiempo. Las persecuciones suelen ser rápidas y vertiginosas, si no pueden atrapar su comida en 500 metros, entonces abandonan su intento. Todo el gasto metabólico comienza a generar mucho calor, por más que su sistema respiratorio esté optimizado para disiparlo, si la carrera se mantiene puede sobrecalentarse.

El guepardo es un felino con adaptaciones únicas, un portento de la selección natural que ha llevado la biomecánica necesaria para la velocidad al extremo. Estos animales, así como sus presas, corren para sobrevivir a 100 km/h, considerando esto, si estuviéramos en su menú, ni el mismo Usain Bolt se salvaría.

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