Ciencia y Tecnología
Los sangrientos rituales de los samuráis al descubierto gracias a la traducción de textos antiguos
Durante generaciones estos rituales solo se transmitieron secretamente entre las familias de la clase guerrera japonesa….

Los samuráis han sido históricamente algunos de los personajes más fascinantes y misteriosos que conocemos. Tanto nos llaman la atención como intriga nos generan.
Kaishaku: The Role of the Second (Kaishaku: El papel del segundo) es el título de un interesante libro que contiene la traducción al inglés de cuatro textos japoneses escritos entre 1600 y la primera mitad de 1900, relativos a los rituales de suicidio y decapitación que se realizaban en el seno de la clase guerrera japonesa. Estos textos se han transmitido en las familias samurái durante generaciones y describen cómo se realizaba el Seppuku, más ampliamente conocido como Harakiri. La traducción es obra de Eric Shahan, quien ya ha traducido varios libros japoneses sobre artes marciales y uno sobre la historia de los tatuajes en Japón.
¿Quiénes eran los samuráis?
Los samuráis eran miembros de la clase guerrera japonesa que sirvieron a la corte imperial a finales del siglo XII y desempeñaron un importante papel político en determinados períodos históricos. No solo eran guerreros, sino también depositarios de refinados conocimientos y rituales, como la hoy célebre ceremonia del té.
La cultura samurái se caracterizaba por el hecho de que el honor y la lealtad eran más importantes que la propia vida del guerrero, hasta el punto de que condujo a la institucionalización del Seppuko como alternativa a la derrota y, en general, al deshonor. La categoría de samurái fue desechada en la segunda mitad del siglo XIX.
El papel del Kaishaku
Como relata en LiveScience Owen Jarus, un periodista que escribe sobre arqueología e historia de la humanidad, de la traducción de los cuatro textos japoneses surgieron varios detalles, como las diferencias en la forma de promulgar el Seppuku de acuerdo con el rango del Samurai o con los crímenes por los que el mismo había sido condenado.
En general, los textos contenían información que en el pasado solía transmitirse oralmente dentro de la comunidad samurái, con el objetivo de crear una memoria escrita para uso principalmente del Kaishaku, o ‘Segundo’. Este último tenía la tarea de presenciar la ceremonia y a menudo era el encargado de llevar a cabo la decapitación.
Contrariamente a la idea extendida en el imaginario común, de hecho, el Seppuku no siempre consistía en que el condenado se autoinfligiera una puñalada en el estómago. Normalmente, un designado llevaba una bandeja con un cuchillo que podía ser utilizado por el samurái condenado a muerte, pero lo más frecuente era que el Kaishaku procediera a cortarle la cabeza antes de que pudiera suicidarse.
Rituales diferentes según el rango
La decapitación, volvemos a leer en la noticia de LiveScience que retoma el contenido de la traducción recientemente publicada, debía realizarse según criterios muy precisos: por ejemplo, era necesario que el ejecutor no olvidara mirar a los ojos y luego a los pies de la persona sometida al Seppuku. De hecho, este error habría sido un signo de debilidad debido probablemente a una conexión con la persona condenada, y habría provocado la vergüenza y el deshonor del Kaishaku o del ejecutor del ritual en general.
Como cabría esperar, el ritual podía variar mucho según el rango del guerrero. Normalmente, a los samuráis de mayor rango se les permitía beber sake antes de la ejecución (la palabra en realidad se refiere a ‘alcohol’, aunque sea comunmente usada en occidente para referirse al nihonshu, una bebida alcohólica obtenida de la fermentación del arroz). Tras la decapitación, se perfumaba el pelo del guerrero de alto rango y se guardaba la cabeza en recipientes especiales para ello. Por el contrario, los samuráis de bajo rango o aquellos culpables de crímenes considerados especialmente graves, tenían una muerte mucho menos honrosa; eran atados, decapitados y arrojados a una fosa.
Artículo originalmente publicado en WIRED Italia. Adaptado por Andrea Baranenko.

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