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Tzompantli: el ritual milenario de los mexicas que sigue generando misterio
Las hileras de cráneos, antes individuos, ahora han perdido su rostro…
Una de las primeras imágenes que vienen a la mente y que despiertan la imaginación cuando se habla de la muerte en Mesoamérica, se relaciona a una pila de cráneos humanos atravesados por largos palos; esta idea ha sido representada en diferentes documentos antiguos, como en la Historia de las Indias de Diego Durán (Figura 1), así también en representaciones artísticas contemporáneas (Figura 2).
Eso posiblemente se debe a la fascinación que se desprende al vislumbrar una serie de cráneos humanos pertenecientes a personas que fueron sacrificadas; no obstante, tal figuración, pensada por muchos, también fue un escenario cotidiano para algunas personas en el pasado: estamos hablando del Tzompantli.
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Figura 1. Tzompantli. Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e islas de tierra firma, Libro de los Ritos, folio 232v.
Bandera de cráneos
Tzompantli es una palabra del náhuatl que se ha traducido como “bandera de cráneos” o “bandera de cabezas”, sin embargo, también se puede entender como “hilera de cráneos”. Se debe precisamente a diferentes narraciones realizadas de las experiencias bélicas de conquistadores españoles, que se ha tenido una referencia sobre estos cráneos alineados y atravesados por un palo. Del mismo modo, algunos códices mesoamericanos y coloniales plasman en sus fojas la formas alusivas al tzompatli, como el Códice Borbónico (Figura 3) o el Mendoza.
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Además de las fuentes escritas, se han hallado representaciones del tzomplantli esculpidas en basamentos o centros ceremoniales, por ejemplo, los de Chichén Itzá (Imagen 4) y Tenochtitlan, por mencionar algunos.
SE TRATA DE CIENTOS DE CRÁNEOS HUMANOS ATRAVESADOS POR UN PALO Y EXHIBIDOS
Pero más aún, se tiene evidecia palpable que deviene de los actores sociales que fueron decapitados o desarticulados de su cabeza para luego integrarse junto con más personas o “dioses” a estructuras de postes, atravesadas por palos en grandes hileras que sumarían cientos de individuos en un espacio de culto a la muerte y guerra. Se trata de cráneos humanos perforados en las regiones laterales, precisamente en donde pasaba el palo de madera que lo sostendría y exhibiría.
Tal acto ritual conlleva trasfondos ceremoniales complejos y diversos, lo que hace difícil la comprensión certera o innegable de su significado. De hecho, actualmente y con base en nuevos hallazgos arqueológicos, el tema sigue abriendo debates entre expertos de la ciencias históricas y antropológicas en México, e incluso del mundo. Sin embargo, se tienen acercamientos sustentados a través de novedosas técnicas o métodos de registro y levantamiento de datos, que adicionalmente se han contrastado de forma experimental.
De esta manera sabemos con base en la presencia de huellas de corte en hueso fresco, que antes de ser colocado el cráneo en el tzompantli, éste debía estar descarnado. Por ello, los equipos de investigación de Vera Tisler de la Universidad Autónoma de Yucatán y Raúl Barrera del programa de arqueología urbana, han reportado en sus investigaciones una serie de patrones de cortes en la frente, la zona media y superior de la cabeza, la región ocular, así como en la mandíbula, evidencia de que esos individuos fueron desollados, lo que sugiere que el tzompantli no era una estructura de cabezas, como a veces se dibujó en algunas crónicas después de la Conquista (Figura 5), en cambio la intención en los tzompantlis, antes de la llegada de los europeos, era colocar cráneos recién descarnadados, que eliminaban o desdibujaban a la persona, convirtiéndose así en seres descarnados, frecuentemente asociados a dioses de la muerte y a los espacios del inframundo.
Figura 2. Pieza denominada «Sueño sagrado», instalación museística que representa el Tzompantli Omeyocan y cien calaveras. Ofrendas en el Zócalo, 2 de noviembre de 2010.
Muro de calaveras. Una pared de piedra con tallados de calavera se encuentra en el Templo Mayor del Zócalo, Ciudad de México.
Figura 3. Tzompantli. Códice Borbónico. Foja 13. Fundación para el avance de los estudios mesoamericanos.
Una evocación de poderío militar
También se sabe que para hacer el agujero a cada lado del cráneo éste debía aún poseer en su interior la masa encefálica que serviría de contensión para traspasar con un instrumento punzocortante el hueso fresco. Resulta oportuno destacar que se han encontrado datos de que anterior al desollamiento y perforación en ambos lados del cráneo, éste era hervido para facilitar tales procesos.
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¿Pero quiénes eran estas “personas”? Algunas de las respuestas más simplistas con relación a la importancia y significado de los tzompantlis van en dirección de demostrar el poderío militar de una sociedad. El caso de los mexicas es el más notorio debido a que es la última gran sociedad monumental del periodo prehispánico, y de quienes contamos con mayor número de fuentes de hechura indígena y española.
LOS MEXICAS FUERON LA ÚLTIMA
GRAN SOCIEDAD MONUMENTAL DEL PERIODO PREHISPÁNICO
Imagen 4. Detalle del tzompantli en Chichén Itzá.
No obstante, más allá de tratar de demostrar el poderío militar e infundir el temor en sus adversarios, por medio de una empalizada de cráneos, hay muchas cosas que desconocemos hasta el día de hoy sobre la importancia que representaban estas banderas con cabezas humanas. Por un lado, hay que tener presente que estas hileras de cráneos se asociaban con diferentes deidades; en el caso de los mexicas, es probable que estuvieran relacionadas con Huitzilopochtli, Tezcatlipoca, entre otros.
Tzompantli: Un tema aún por resolver
Asimismo, no hay que olvidar que los cráneos se iban renovando en ciertos periodos, es decir, no permanecían inalterablemente en las hileras. Esta interrogante que solía crear debates y propuestas en los investigadores, como las postuladas por Ximena Chávez, pudo ser comprobada con el hallazgo más reciente del Huei (Gran) Tzompantli del centro religioso de Tenochtitlan, al encontrar la torre donde se solían colocar los cráneos que se iban desprendiendo de la empalada, la cual había sido descrita en el siglo XVI por Andrés de Tapia.
Aún hay mucho por conocer del tzompantli; lamentablemente se suele caer en el lugar común de decir que los cráneos muy posiblemente eran de guerreros, pero la idea que en la actualidad podemos tener sobre la imagen de un guerrero, en la perspectiva indígena era totalmente diferente: un guerrero podía partir desde un hombre con un rango específico, como los famosos “caballeros águila” en el caso de los mexicas, pero ahora sabemos que también podían ser mujeres, niños e inclusive deidades, y eso nos hace preguntarnos: ¿quiénes eran estos cráneos que estaban en el tzompantli y qué función tenían?
AUNQUE HAY UN TRASFONDO MÍSTICO-MILITAR NO SABEMOS CON PRECISIÓN SU PLENA FUNCIÓN
Esta situación agrava el tener hasta hoy día respuestas únicas sobre la importancia que poseían estas hileras de cabezas descarnadas. A pesar de ello, de una cosa podemos tener cierta idea, y es que el tzompantli no era para nada una estructura trivial ni una parafernalia: se trataba de un símbolo donde recaía el poder de un señorío sacrificial, muchas veces relacionado con la guerra y que, de cierto modo, no sólo servían para propagar el terror en los enemigos, sino que podrían funcionar como receptáculos de poder anímico y relacional entre seres humanos y no humanos.
Hay que reflexionar que estas cabezas dejaban de ser humanas, es decir, ya no tenían rostro, por lo tanto, dejaban de ser individuos, convirtiéndose así en un conjunto de cientos de seres esqueletizados; tal escenario seguro infundía un asombroso impacto visual en las personas que pudieron observar esta estructura, pero hay un aspecto que suele escaparse cuando se piensa en el tzompantli y tiene que ver con los olores que se desprendían de él, específicamente aromas fétidos y penetrantes, probablemente relacionados al espectro del inframundo mesoamericano.
Tanto los hedores como los cráneos sin rostro, no sólo representaban un símbolo del poderío militar y guerrero de una sociedad, probablemente se tratara en realidad de un modo de estrechar un importante vínculo con las divinidades mediante el sacrificio, la antropofagia y otros elementos más que siguen en el tintero y discutiéndose por parte de los especialistas en el tema.
Figura 5. Códice Florentino (volumen 3. Libro XIII). Esta imagen muestra una hilera de cráneos con las cabezas de los soldados españoles capturados y sus caballos frente al templo de Huitzilopotchtli.
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