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La música está cambiando: cada vez es más banal y frenética

El análisis de más de mil archivos de 80 años de las canciones más populares revela variaciones en las melodías que…

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En los últimos 75 años, las melodías de las canciones populares se han vuelto cada vez más repetitivas, simples, isócronas y densas. Quienes aseguran esto no son críticos musicales ni grupos de nostálgicos del jazz, el swing y el country horrorizados ante la trampa moderna. Son investigadores que analizaron más de 1,000 archivos musicales de las canciones más populares desde 1950 hasta nuestros días. Año tras año, las «pescaron» de las listas de sencillos y evaluaron matemáticamente sus variaciones, para identificar tendencias y puntos de inflexión, épocas y revoluciones.

Entrelazando el rigor de la ciencia y su curiosidad, los autores aterrizaron numerosas reflexiones y dos hipótesis: la música ya no es simple melodía, o bien, la melodía es banal porque nosotros nos hemos vuelto aburridos.

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Análisis musical avanzado

Antes de emitir comentarios a favor o en contra de estas dos teorías, hay que admitir el valor científico de su estudio. Se trata de una primicia en la historia del análisis musical, hasta ahora desprovisto de apoyo cuantitativo y basado únicamente en las opiniones cualitativas de filósofos, musicólogos, sociólogos o expertos del mercado. Puntos de vista importantes, pero subjetivos, que deberían haber estado flanqueados por datos incuestionables, pero que solo se pudieron lograr a principios de la década de 2010, con la llegada de la informática musical. La digitalización hizo posible transformar las listas históricas de canciones de Billboard en la mayor base de datos de melodías de alta calidad, completa con transcripciones e indicaciones de ritmo, estructura tonal y métrica. Con estos datos sin precedentes, los investigadores crearon el primer análisis estadístico de la música que nos ha acompañado en las últimas siete décadas, verificando lo que hasta ahora constatábamos de oído.


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La música ya no es novedosa

Al evaluar la complejidad de una melodía basándose en el número y la diversidad de los tonos y duraciones que la componen, el estudio identificó una revolución «débil» y dos graves, tan fuertes que el período considerado se dividió en tres épocas musicales.

La primera va de 1950 a 1974 y ofrece melodías de gran complejidad, caracterizadas en promedio por intervalos amplios y pocas notas por segundo. En 1975 se produjo la primera revolución «ruidosa», atribuible al auge de los géneros new wave, disco y rock, que dio paso a una era de menor complejidad rítmica y melodías con aún menos notas por segundo.

Según los cálculos de los investigadores, ocurre en las listas BillBoard hasta 1999, con una débil revolución en 1996, posiblemente vinculada al auge del hip-hop, aunque este género no parece haber dominado la escena musical desde entonces. Fue en 2000 cuando se produjo la otra revolución fuerte, que marcó otro aumento significativo de la densidad de notas. Desde entonces hasta ahora, estamos inmersos en una música con melodías cada vez menos complejas, pero con intervalos cada vez más grandes y cada vez más notas por segundo. Y siempre los mismos sonidos.

Este «declive» de las melodías también podría deberse en parte a la llegada de las estaciones de trabajo de audio digital (DAW, por sus siglas en inglés). Basadas en repeticiones o loops, que pueden haber empujado implícitamente a los artistas a emular ritmos de canciones.


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Tampoco es compleja

Señalando que se trata de veredictos «estadísticos» y no de juicios de valor, los investigadores subrayan el carácter unidireccional de la evolución de las características melódicas: «el número de notas por segundo en las melodías ha aumentado bruscamente, mientras que los marcadores de complejidad tanto del tono como del ritmo muestran un descenso constante». Y a continuación, concluyen con dos explicaciones hipotéticas y una pregunta abierta a los expertos de todo lo que no está «dado».

Una interpretación plausible de las tendencias detectadas podría residir en la «teoría de la presión comunicativa» de David Temperley. En pocas palabras, la complejidad podría disminuir en el nivel melódico, porque aumentase en otros. Esto ocurre en los tonos o timbres, gracias también a la introducción de nuevos instrumentos, programas informáticos y bibliotecas de sonidos a los que recurrir. Una especie de regla de compensación no escrita, para no perturbar psicológicamente a los oyentes.

La otra hipótesis planteada se basa en la fragmentación y la inestabilidad que ha provocado la llegada de lo digital. Parece que el ser humano es víctima de su propia capacidad para digerir ideas complejas o de disfrutar de la creación de arte verdaderamente abstracto. Próximas investigaciones nos ofrecerán nuevos resultados y nos contarán también del impacto de la inteligencia artificial (IA) en la industria. ¿O serán más preguntas que soluciones?

Artículo publicado originalmente en WIRED Italia. Adaptado por Alondra Flores.

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