Especial
Esto dice la psicología de las personas con más de 30 años que juegan videojuegos, ¿son inmaduras?
Por muchos años se relacionó la inmadurez con los videojuegos, pero un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud podría demostrar lo contrario
Una de las innovaciones tecnológicas que revolucionó por completo la forma de entretenerse son los videojuegos; ahora podemos encontrar una gran diversidad de historias y escenarios que se adaptan a los gustos más personales de cada quien. Sin embargo, éstos también cargan con estigmas muy grandes cuando se trata de adultos que continúan divirtiéndose con sus controles favoritos.
Para muchas personas, superar los 30 años debería implicar abandonar este tipo de entretenimiento, considerado erróneamente como una «actividad infantil». No obstante, esta percepción está siendo cuestionada por la psicología moderna que propone que jugar en la adultez puede reflejar adaptación, desarrollo cognitivo y bienestar emocional.
Lejos de desaparecer con la edad, el hábito de jugar se ha consolidado en generaciones que crecieron con consolas y computadoras. Hoy, millones de adultas y adultos en todo el mundo mantienen esta práctica como parte de su vida cotidiana, obligando a la ciencia a replantear viejas creencias.
¿Cuáles son los beneficios de jugar videojuegos después de los 30 años?
Diversos estudios internacionales demostraron que los videojuegos pueden influir directamente en la estructura y funcionamiento del cerebro, pues según investigaciones publicadas en revistas como Nature y Frontiers in Human Neuroscience encontraron que jugar de manera regular estimula la plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse y crear nuevas conexiones neuronales.

Fotografía: Freepik.
Uno de los casos más citados es el de participantes que jugaron durante varios meses a Super Mario 64, mostrando aumentos en la materia gris en áreas relacionadas con la memoria, la orientación espacial y la toma de decisiones, por lo que estos hallazgos contradicen directamente la idea de que el gaming «atrofia» la mente y más bien, sugieren que los videojuegos pueden funcionar como una especie de «gimnasio cognitivo«, especialmente relevante en etapas adultas donde el cerebro comienza a experimentar cambios.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) promueve el concepto de «envejecimiento activo«, que destaca la importancia de mantener la mente y el cuerpo en constante actividad para mejorar la calidad de vida en la vejez. Dentro de este marco, actividades cognitivamente estimulantes como los videojuegos adquieren un nuevo valor.
¿Qué es el «envejecimiento activo» que propone la OMS?
Sin entrar en tecnicismos sobre el funcionamiento del cerebro, el planteamiento impulsado por la OMS afirma que a medida que avanzan los años, las capacidades cognitivas tienden a deteriorarse, por lo que mantener una actividad mental constante se vuelve fundamental para ralentizar ese proceso y reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Fotografía: Freepik.
Diversos especialistas en neurología y psicología plantean una hipótesis interesante: las y los adultos que hoy tienen entre 30 y 40 años y mantienen el hábito de jugar videojuegos desde su infancia podrían estar ejercitando su cerebro de forma continua sin ser plenamente conscientes de ello.
Esa estimulación sostenida, generada por años de interacción con entornos digitales complejos, contribuiría a la formación de lo que se conoce como reserva cognitiva, es decir, una especie de «colchón» neurológico que ayuda a enfrentar el desgaste mental con mayor resiliencia. La idea central es que, aunque el deterioro cerebral es inevitable con el paso del tiempo, quienes desarrollaron una red más amplia y flexible de conexiones neuronales tendrían mayores herramientas para compensar los efectos de ese desgaste.
No obstante, esta teoría aún enfrenta una limitación importante ya que si bien existen estudios que documentaron incrementos en la materia gris tras varios meses de práctica con videojuegos (como ocurrió en investigaciones con títulos como Super Mario 64), la generación que creció con este tipo de entretenimiento todavía no alcanzan edades suficientemente avanzadas como para evaluar con certeza los efectos a largo plazo.

Fotografía: Freepik.
Esto implica que, aunque los indicios actuales son sólidos tanto desde el punto de vista teórico como experimental, aún no se dispone de evidencia concluyente en población anciana ya que las personas que crecieron con los videojuegos aún no llegan a edades avanzadas. Sin embargo, los datos existentes permiten anticipar que en las próximas décadas, cuando se analicen los hábitos de vida y su impacto en la salud mental de los adultos mayores, es probable que el papel de los videojuegos cobre una relevancia inesperada.
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