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Entre la identidad y el olvido: Las pirámides en el México contemporáneo

Las pirámides son un puente entre el pasado y el presente….

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México ocupa un lugar importante a nivel mundial en lo que refiere a distintos aspectos culturales, pues su pasado milenario y la presencia de civilizaciones relevantes como la olmeca, mexica o maya han otorgado aspectos fundamentales para el conocimiento y desarrollo de la humanidad. Otras civilizaciones que también fueron esenciales son la inca en Sudamérica o la cultura Egipcia en el Mediterráneo, ambas con una gran cantidad de vestigios arqueológicos que dan cuenta del esplendor que existió en sus épocas, y que aún hoy nos permiten comprender el nivel de avances tecnológicos y de ingeniería que desarrollaron.

Muchas de las pirámides y vestigios que aún se encuentran en pie han pasado a ser objeto de estudio de cientos de investigadores de diferentes disciplinas, quienes buscan conocer más sobre el pasado de estas culturas. Por ello, también han generado un gran interés para ser visitadas, pues sus magníficas construcciones aún en la actualidad impresionan a quien las conoce por primera vez.

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Machu Picchu, en Perú, es un ejemplo claro de la grandeza de sus edificaciones de ingeniería, porque sus terrenos accidentados y la altura de más de 2,400 metros sobre el nivel del mar son prueba clara de lo complicado que debió ser la construcción de los diferentes complejos que componen la ciudad de esta antigua cultura. Del mismo modo, las pirámides de Guiza en Egipto han sido objeto de estudios arqueológicos a nivel mundial, y en ambos casos en las últimas décadas se han convertido en lugares predilectos para el turismo, puesto que sus impresionantes construcciones piramidales las han colocado desde 2007 dentro de las siete maravillas del mundo moderno (aunque las pirámides de Guiza también estuvieron consideradas dentro de las siete maravillas del mundo antiguo, siendo las únicas construcciones de aquella clasificación en sobrevivir hasta la actualidad).

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Patrimonio e identidad

Si nos enfocamos en México encontramos lugares igual de importantes que otros a nivel global. Una de las pirámides más conocidas es la de Chichén Itzá, en Yucatán (también clasificada como una de las siete maravillas del mundo moderno), seguida por las pirámides del Sol y la Luna en Teotihuacán. En la de Yucatán encontramos que su arquitectura llamativa, así como su cercanía con playas y ceno- tes, ha convertido a esta zona arqueológica en el lugar de interés para los turistas, tanto a nivel nacional como internacional, además de que en dicha pirámide puede observarse durante dos veces al año un fenómeno conocido como “el descenso de Kukulcán”, que puede apreciarse en los costados como un juego de sombras que se forman en los escalones, dando cuerpo a la mítica serpiente emplumada.

Ruinas aztecas en el Templo Mayor, Centro Histórico de la Ciudad de México. El primer cuadro de la capital del país es Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO en 1987.Shutterstock

Por otro lado, la cercanía de las pirámides de Teotihuacán con la Ciudad de México también las han convertido en un espacio visitado por miles de personas cada año, de esta manera, en la región en la que se encuentran se han generado diversos complejos turísticos que ofrecen diferentes espacios de esparcimiento, como el viaje en globo aerostático, salto en paracaídas, visitas a distintas haciendas pulqueras, artesanía con obsidiana, entre otros.

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Si bien en la actualidad estas grandes construcciones han perdido el culto original con el que fueron construidas hace cientos de años, siguen siendo fundamentales en el sentido de identidad de los habitantes de los lugares donde se encuentran, y más aún, también de los mexicanos en general, pues estos sitios, al estar clasificados como patrimonio de la humanidad por la UNESCO, son motivo de orgullo.

Los restos ocultos del pasado

A pesar de que hoy tenemos la presencia en distintas regiones del país de grandes estructuras arquitectónicas de la época prehispánica, también existen restos más pequeños que han sobrevivido hasta nuestros días, los cuales muchas veces han pasado casi inadvertidos; la gran mayoría de ellos probablemente formó parte de templos, adoratorios o en su momento fueron objetos directos de culto. Entre éstos podemos destacar diversas figuras antropomorfas, deidades, animales, conchas, chalchihuites, almenas, entre otros. Tal es el caso de la cabeza de serpiente que se encuentra empotrada en la esquina de las calles José María Pino Suárez y República de El Salvador, en lo que hoy es el Museo de la Ciudad de México.

HOY LAS PIRÁMIDES HAN PERDIDO SU CULTO INICIAL, MAS SON ESENCIALES COMO SENTIDO DE IDENTIDAD

Ahora bien, si nos remontamos al sur de la capital del país, también podemos hallar una gran cantidad de ejemplos, como en el centro de Xochimilco, cuya fachada de la catedral de San Bernardino de Siena se encuentra adornada por 10 chalchihuites, y que resguarda en su interior, en cada una de las columnas, diversas piedras talladas, como flores de dalia (Dahlia coccinea) o cráneos. Además, de ello, en diversas capillas de algunos de los barrios también se pueden encontrar elementos diversos, como en el barrio de San Juan Tlatenchi, donde están empotrados en su campanario elementos prehispánicos como flores, caracoles o chalchihuites. O en la capilla del barrio de La Asunción Colhuacatzingo, en cuyas paredes laterales y fachada también podemos hallar elementos prehispánicos empotrados en la construcción. Es muy fácil encontrar ejemplos como estos a lo largo de todo el territorio mexicano, sobre todo en construcciones del siglo XVI, XVII y XVIII, principalmente en los estados del centro y sur del país.

Recordemos que muchas de las ciudades actuales fueron establecidas durante la época colonial, y que gran parte de las edificaciones de este periodo reutilizaron materiales para su construcción, de esta manera, se generaban grandes ahorros económicos, pues así el transporte de materias primas no significaba un gran gasto, o los procesos de cimentación aprovecharon las estructuras que fueron destruidas de manera parcial. Un ejemplo de ello es la Catedral Metropolitana de la CDMX, que en sus inicios fue construida sobre los edificios prehispánicos del conjunto que rodeaba al Templo Mayor. Además de ello, el centro histórico resguarda los restos de una gran cantidad de edificaciones bajo sus edificios, algunos de los cuales poseen “ventanas arqueológicas” que permiten observar estas estructuras, como el Antiguo Palacio del Arzobispado, que hoy alberga al Museo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la Casa del Marqués del Apartado o el Palacio Nacional, donde se encuentran las oficinas y morada de la Presidencia de la República.

Algunas de estas ventanas también se encuentran en vías cercanas, como la calle de República de Argentina o dentro del mismo atrio de la Catedral, sin embargo, no son espacios exclusivos para observar parte de las construcciones prehispánicas, puesto que también existen otros puntos, como el transbordo entre las líneas 1 y 2 del metro, en la estación Pino Suárez, donde se encuentra la pirámide dedicada a Ehécatl, dios del viento. Esta construcción a pesar de ser pequeña, en la actualidad se ha convertido en punto de referencia muy importante, pues su imagen tan particular ha servido como ícono de esta famosa estación, además, por su ubicación y la gran afluencia de personas que utilizan el sistema de transporte público, también es considerada una de las zonas arqueológicas más visitadas de México.

Espacios sagrados

En la actualidad hay una gran cantidad de construcciones prehispánicas que no han sido estudiadas o inclusive descubiertas, pues en los registros antiguos o coloniales que tenemos a veces se mencionan poblaciones que ya no existen y de las cuales se desconoce su ubicación exacta y sólo se tienen estimaciones. Algunas de estas ruinas arqueológicas son conocidas por los pobladores de los lugares donde se encuentran, sin embargo, para muchos grupos indígenas siguen siendo sitios importantes, pues muchas veces forman parte del paisaje ritual y se incorporan a prácticas contempo- ráneas como las peticiones de lluvia o las celebraciones en equinoccios y solsticios. Ejemplos de ello pueden encontrarse en comunidades de diversos estados de la república mexicana, tales como Veracruz, Puebla, Oaxaca, Tlaxcala, Estado de México, Querétaro, Chiapas, Guerrero, etcétera.

Estas ruinas prehispánicas semienterradas o cubiertas por vegetación siguen teniendo un carácter relativo dentro de la cosmovisión de muchos pueblos de origen mesoamericano. De esta forma, es común encontrar una gran cantidad de mitos y relatos al respecto, porque se piensa que existen entidades vinculadas con la naturaleza que habitan estos espacios, por ello, los lugares al recibir una connotación sacra, son respetados y en fechas importantes también venerados.

En Xochimilco, por ejemplo, existen una gran cantidad de restos arqueológicos a lo largo de todo el territorio, muchas de estas piezas prehispánicas se encuentran en custodia de las familias que las encontraron y otras tantas han conformado lo que hoy es el museo arqueológico de Santa Cruz Acalpixca. Sin embargo, no sólo se trata de objetos sueltos, también existen construcciones que han sobrevivido hasta nuestros días y que siguen siendo parte importante de la praxis actual de algunos de los pueblos xochimilcas. Tal es el caso del paraje conocido como “el Mirador” en el pueblo de San Lucas Xochimanca, en donde se encuentra en un predio particular, que consiste en una estructura piramidal que en su cima alberga una cruz de varios metros de altura, la cual en la actualidad es símbolo de identidad de los habitantes de este pueblo originario, debido a que también es parte de los rituales agrícolas de petición de lluvias de esta región. 

Del mismo modo, durante los primeros días del mes de mayo, las cumbres de distintos cerros que poseen diversas estructuras arqueológicas son testigos de las celebraciones que actualmente se realizan para la Santa Cruz, pues es bien sabido que los lugares de culto prehispánico que ocuparon muchas culturas, pasaron a ser sitios de culto católico tras la Conquista de los españoles. El ejemplo más claro de ello es la pirámide de Cholula, en el estado de Puebla. Esta pirámide, por sus dimensiones es la más grande de México —aunque no la más conocida—, y la estructura está semienterrada y en su cima se encuentra una iglesia, la cual fue construida durante la época de evangelización. No obstante, en los últimos años se ha vuelto un lugar atractivo para el turismo.

Resignificaciones contemoráneas y nuevos sentidos

Para muchos grupos sociales contemporáneos el sentido de identidad los ha llevado a ver a las pirámides o restos arqueológicos más allá de un lugar para visitar o contemplar, pues desde su pensamiento son un legado de sus antepasados, el cual debe respetarse y seguirse venerando, estos grupos a veces son conocidos como calpullis de concheros o mexicaneros, de manera similar a los nombres que recibían las agrupaciones familiares de la época prehispánica. La grandeza del México antiguo también es motivo de orgullo para ellos, pues es el caso de la medicina tradicional o el conocimiento preciso que se tenía de los astros, que también son elementos que intentan replicar y dominar como lo mencionan los códices, crónicas y relatos que quedaron como registro de aquel pasado.

Ceremonia de danza azteca en el centro de la Ciudad de México en honor a la cultura mexica, con sus danzantes vestidos con indumentaria prehispánica, penachos de plumas y pecheras.Shutterstock

Dentro de estas agrupaciones también existen danzantes con ideologías similares, los cuales han adoptado algunas zonas arqueológicas como lugares importantes de veneración. Para ello también han generado una imagen propia, la cual busca ser similar a las vestimentas prehispánicas. Es así como penachos con plumajes diversos y llamativos, pecheras o taparrabos son comunes dentro de estas agrupaciones, que regularmente podemos encontrar en diferentes escenarios.

Estos grupos de concheros o mexicaneros también han adoptado imágenes del culto prehispánico, de esta manera han generado reinterpretaciones sobre la adoración a estas imágenes, como Tláloc, Huitzilopochtli, Quetzalcóatl, Coatlicue, Huehueteotl, etcétera. Para ello también han creado música, rezos, cantos, e inclusive ceremonias, que lejos de ser similares a las prehispánicas, se han arraigado y replicado bajo el discurso de la continuidad y, bajo la mirada de quien desconoce la historia de estas agrupaciones, pudiera parecer como tal, pues los lugares donde estos rituales se realizan muchas veces son sitios arqueológicos.

Finalmente, podemos ver que las pirámides, zonas arqueológicas y restos prehispánicos pueden tener diversas connotaciones, que muchas veces van desde un culto con mayor o menor historia, que además en infinidad de ocasiones generan identidad y orgullo en las poblaciones al ser muestra de un grandioso pasado. Y sin importar si los espacios son privados o públicos, o si se consideran espacios turísticos o no, los distintos grupos sociales tendrán consideraciones propias respecto a estos lugares que han sobrevivido hasta nuestros días.

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