Ciencia y Tecnología
El poder de las plantas: un viaje espiritual por el corazón de Mesoamérica
Conoce las diferentes plantas sagradas utilizadas en el México prehispánico. …

Apriori considero pertinente aclarar la diferencia que encuentro entre los enteógenos y las plantas sagradas: los primeros poseen sustancias psicoactivas; mientras que las segundas carecen de tales sustancias, pero se usan en contextos rituales. La etimología del neologismo enteógeno acuñado por R. Gordon Wasson, significa: “Volverse divino interiormente” o “Dios dentro de nosotros”, por ende, también nos remite a lo sagrado. Todas estas plantas y hongos con sus múltiples químicas, pueden inducir a estados no ordinarios de conciencia, a experiencias místicas que permiten la contemplación de la otra realidad, que no observamos durante la vigilia, y la comunicación con espíritus de la naturaleza, divinidades y ancestros. Ante estas virtudes y otras medicinales, los pueblos mesoamericanos las tenían como recursos indispensables en varios ritos, las vinculaban con sus dioses y servían como ofrendas, así mismo, como alimentos en la dieta diaria.
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variedad para asegurar el ciclo
Algunas fuentes etnohistóricas nos aproximan al conocimiento del uso ritual de plantas sagradas y enteógenos en lo que hoy se nombra México, y se tiene bastante información para el centro y en menor cantidad para el norte y sureste mexicano. Encontramos desde las más antiguas representaciones en petrograbados, cerámica, esculturas, pinturas murales y códices; hasta las más tardías en libros, documentos y arquitectura de los siglos XVI, XVII y XVIII. Por la vastedad de información, se puede notar la gran importancia que tenían en el mundo prehispánico y su vínculo con lo sagrado es notorio en los testimonios arqueológicos de sitios identificados como centros ceremoniales.
Detalle de hombre y mazorcas en el Templo Rojo, Cacaxtla. Se observa a un anciano ricamente ornamentado con un tocado de jaguar, cargando un «cacaxtli» con plantas y otros objetos.
Monumento 1, El Rey, Chalcatzingo, Morelos
En la zona arqueológica de Chalcatzingo, estado de Morelos, se esculpieron petrograbados que representan cuevas o fauces de la tierra; el más representativo de este tipo es el Petroglifo 1, conocido como El Rey o El Portador del Agua: este personaje sentado en una nube a la entrada de la gruta porta un tocado de una planta de maíz, planta sagrada por excelencia, ya que fue y sigue siendo el principal sustento alimenticio de la población mesoamericana, a la par que otras plantas de la milpa, como la calabaza, representada en el Petroglifo 6, una guía con sus hojas y sarcillo. El maíz, frijol, amaranto, chile, chía y cacao, entre otros productos, fueron sagrados, con múltiples representaciones en esculturas, códices o cerámica; las mismas semillas de estas especies se hallaron en cajas para depósitos rituales en el Templo Mayor de lo que fue Tenochtitlan. Milpas plasmadas en el Tlalocan de los murales de Cacaxtla, estado de Tlaxcala, y en el Tlalocan de Tepantitla, en Teotihuacan, Estado de México, representaciones del lugar mítico de los mantenimientos, el Monte Sagrado, encarnación de Tláloc, la efigie deificada de la tormenta fecundadora de la tierra.
ESTAS PLANTAS Y HONGOS NOS INDUCEN A ESTADOS NO ORDINARIOS DE LA CONCIENCIA
Tlalocan y Techinatitla
Los recintos de Tepantitla y Techinantitla son testimonios excepcionales de la plástica psicoactiva, sus murales fueron inspirados por las visiones provocadas por el efecto de enteógenos, principalmente hongos teonanacatl “carne de los dioses”, correspondientes a varias especies del género Psilocybe, y del ololiuhqui “cosa redonda”, también nombrada coatl xoxouhqui “hierba de la serpiente verde” (Rivea corymbosa), muchas veces confundida en las fuentes primarias con el tlilitzin “divino renegrido” (Ipomoea violacea). En Tepantitla, sobre la pintura del Tlalocan se encuentra Tláloc, que toma en cada mano un par de hongos de los que brotan gotas de agua y porta un tocado de la diosa Xochiquetzal del que arborece una gran planta enteógena. Ahí mismo, en Tepantitla, se pintó un felino estilizado delineado con azul y otras líneas entrecruzadas que rellenan su cuerpo, mismas que forman un racimo enteógeno que agarra con su pata delantera derecha. De las tres flores del racimo surgen bandas descendientes ondeantes con ojos.
Xochipilli, dios mexica de las flores y del deleite. El pedestal sobre el que resposa el príncipe florido, está ricamente labrado con plantas psicotrópicas de uso mágico-ritual.
Pintura mural de las decoraciones del conjunto Tepantitla, en la zona arqueológica de Teotihuacan; en la parte central un Tláloc cuidadosamente ataviado con grandes plantas y plumas.
A LAS PLANTAS DE LOS DIOSES, LOS PUEBLOS LAS CONSIDER ABAN COMO ALGO COMÚN Y VITAL EN SU VIDA
Tanto en los bordes de las flores de la planta que nace del tocado de Tláloc, como en las que surgen del cuerpo del felino, se halla la presencia de ojos, así mismo en las bandas ondulantes que brotan de ellas. Hay otras plantas aún más estilizadas y deformadas en las cenefas del pasillo de entrada al recinto del Tlalocan que también poseen ojos en los bordes de las flores y en las gotas de agua que les escurren. Los ojos se han interpretado por R. Gordon Wasson y Jonathan Ott, como los símbolos de los estados visionarios enteogénicos, que indican que estas plantas permiten ver nuestra otra realidad.
Antonella Fagetti propone que también son los mismos ojos de las plantas enteógenas y onirógenas, por lo tanto, pertenecen a las demás variedades sagradas. Alfonso Caso identifica a este tipo de ojos como glifos calendáricos “Ojo de Reptil”, vinculado a Ehécatl “Viento”, por ende, a la serpiente emplumada. De esta manera podría ser que los ojos indiquen que el enteógeno que emerge del tocado de Tláloc y la que aflora del cuerpo del felino, se trate de una planta de ololiuhqui; basta recordar otro de los nombres que se le daba: coatl xoxouhqui, “hierba de la serpiente verde”, ya que en la representada con el felino tiene un tallo “emplumado”, además de las flores acampanadas y de la disposición morfológica a manera de enredadera.
Daia (Dahlia spp) y Cempoalxochitl (Tagetes erecta)
Nuevos hallazgos
La escultura monumental más representativa de la flora enteógena es la de Xochipilli “el Señor de las Flores”, encontrada en Tlalmanalco, Estado de México, actualmente expuesta en la sala mexica del Museo Nacional de Antropología. En su cuerpo sentado en posición de trance chamánico se aprecian bajorrelieves de flores que inicialmente fueron identificadas por R. G. Wasson y R. E. Schultes como flores y hongos enteógenos. Sin embargo, estudios recientes, principalmente de Aurora Montúfar, estudiosa de la flora prehispánica, señalan que lo que se había identificado un tiempo como hongos (Psilocybe aztecorum), son flores de la familia Asteraceae, específicamente alguna especie de dalia (Dahlia spp).
A. Montúfar, tampoco menciona al cacahuaxóchitl o poyomatli (Quararibea fune- bris), ni al sinicuichi (Heimia salicifolia); la primera la asocia con una posible Asteraceae y la segunda con una Malvaceae, antes Bombacaceae, particularmente de las especies Ceiba y Pseudobombax. A pesar de las distintas opiniones respecto a la presencia de hongos psicoactivos en la escultura, se distingue la existencia de la flor de ololiuhqui (Rivea corymbosa) y la del tabaco (Nicotiana tabacum). Igual, la taxonomía de las plantas en las fuentes etnohistóricas es un reto que lleva de vuelta a la revisión de éstas para, nuevamente, confrontarlas y actualizar las investigaciones que nos proporcionen datos que antes no teníamos.
Respecto a los documentos escritos que contienen más información acerca del tema, se encuentran: la Historia general de las cosas de Nueva España (1540–1585) de Fray Bernardino de Sahagún, donde podemos encontrar diversidad de plantas sagradas que menciona en los rituales para las fiestas de cada veintena. Destaca el huautli, amaranto (Amaranthus spp) para la elaboración de ídolos, el yauhtli “hierba de nubes”, comúnmente nombrado pericón o yerbanís (Tagetes lucida), la cempoalxochitl “veinte flor” (Tagetes erecta). En las ceremonias de los comerciantes se preparaban banquetes en los que figuraban bebidas de cacao, pulque y hongos psilocibios. Entre muchas otras hierbas que nombra en listas específicas de las que son medicinales, venenosas y comestibles, de todas ellas hace una descripción detallada acerca de su morfología, del lugar donde crecen, las enfermedades que curan y demás características de importancia para el uso y conocimiento botánico.
La conexión con los dioses
El alma encantada. Anales del Museo Nacional de México (1987), editado por Fondo de Cultura Económica, es un compendio de seis escritos: “Tratado de las supersticiones y costumbres gentílicas que hoy viven entre los indios naturales de esta Nueva España” (1629), de Hernando Ruíz de Alarcón; “Informe contra idolorvm cvltores del obispado de Yucatán” (1639), Pedro Sánchez de Aguilar; “Relación auténtica de las idolatrías, supersticiones, vanas observaciones de los indios del obispado de Oaxaca” (1654), Gonzalo de Balsalobre; “Manual de ministros de indios para el conocimiento de sus idolatrías, y extirpación de ellas” (1656), Jacinto de la Serna; “Relación que hace el obispo de Chiapa sobre la reincidencia en sus idolatrías de los indios de aquél país después de treinta años de cristianos” (1585), Pedro de Feria, y “Breve relación de los dioses y ritos de la gentilidad” (1892), Pedro Ponce. En estas obras escribieron acerca del ololiuhqui, el tlilitzin, el picietl tabaco mezclado con cal, el peyotl o peyote (Lophopho- ra williamsii), el balché (Lonchocarpus violaceus), los hongos teonanacatl, el pipiltzilzintli “joven venerado” o xka pastora (Salvia divinorum), entre otras plantas sagradas, sus diferentes nombres y los númenes con los que había un vínculo; se menciona quiénes solían usarlas, las formas de empleo, incluso los conjuros que recitaban al prepararlas, aplicarlas y beberlas. Además de exponer detalladamente casos en los que se usaron, sean medicinales o en rituales.
En lo que concierne a los códices, mencionaré únicamente dos: el códice Vindobonensis en el cual se representa un ritual con hongos psilocibios, que Alfonso Caso interpretó como una ceremonia de señores mixtecos frente a diferentes dioses. Y el códice Magliabechiano, donde se encuentra un hombre ingiriendo los hongos y detrás de él un personaje que parece ser una deidad del inframundo. Muy vastos son los registros etnohistóricos que nos muestran la importancia que tuvieron los enteógenos y las plantas sagradas en el México prehispánico, asimis- mo, son materiales que no se agotan para continuar innovando las investigaciones al respecto. Y más aún en estos últimos años que hay un fuerte resurgimiento en los estudios e investigaciones de las plantas sagradas.
Código Vindobonensis, cultura mixteca; en él se describe un árbol genealógico de gobernantes del pueblo de Tilaltongo, Oaxaca, donde se representa un ritual de hongos sagrdos.
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