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De Habsburgo a México: El sueño imperial que terminó en tragedia

La historia detrás de la caída de Maximiliano de Habsburgo. …

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Entre 1863 y 1867, el príncipe austrohúngaro Maximiliano de Habsburgo se convirtió en emperador de México. El destino le arrastró a aceptar el trono de un país que no conocía, al otro lado del mundo, pero del que podríamos decir que se enamoró en cuanto llegó.

La ambición por detentar el poder ha sido uno de los motores que han impulsado la historia de la humanidad, y no hay mayor prueba que ser emperador. En ocasiones, los grandes protagonistas históricos llegaron a serlo por derecho dinástico, otros por conquista manu militari, gracias a sus dotes políticas y conspiratorias o, las menos de las veces, por virtud y mérito. Conquistado el poder, el reto era mantenerse en él y no perecer en el intento. Y no siempre fue fácil, ni en la Antigua Roma ni en el siglo XIX. No fue este último nada pacífico para las naciones americanas resultantes del descubrimiento del Nuevo Mundo. En concreto México, incluso después de librada la Guerra de Independencia, pasó por diversas intervenciones europeas que llevaron a que el país viviera en el siglo XIX una de las etapas más convulsas de su historia. Su organización política transitó en muy pocos años desde el virreinato al imperio, y de este a la república, e innumerables guerras civiles e internacionales jalonaron su particular vía crucis decimonónico. Es en ese contexto en el que cobra una enorme relevancia política un criollo americano de familia adinerada, además de prestigioso militar del Ejército realista y primer emperador de México: Agustín de Iturbide.

Los jóvenes príncipes y hermanos Francisco José (izq.) y Fernando Maximiliano en la época en que este último aún formaba parte de la línea sucesoria del Imperio AustrohúgaroBUNDESMOBILIENVERNWALTUNG

Boda del príncipe Maximiliano de Austria y la princesa Carlota de Bélgica, 27 de julio de 1857. Los jóvenes monarcas serían invitados a ser emperadores de México en 1864.Museo Storico del Castello di Miramare

Iturbide nació en 1783 en Valladolid (actual Morelia, Michoacán). Cuando en el amanecer del 16 de septiembre de 1810 el cura Miguel Hidalgo inició una insurrección armada contra España, Iturbide no lo dudó y se unió a las filas realistas. Sus continuos éxitos militares contra los insurgentes le valieron el apodo de “el Dragón de Hierro”, aunque su suerte cambió en 1816 al ser destituido por el virrey, acusado de corrupción. Para cuando fue rehabilitado, su hasta entonces inquebrantable lealtad a España ya no era la misma. Finalmente, el 24 de febrero de 1824, Iturbide (de nuevo al mando del más importante Ejército realista) y el último gran líder independentista que resistía sin deponer las armas, Vicente Guerrero, firmaron el Plan de Iguala, en el que se proclamó la Independencia de México.

A partir de entonces pasó a liderar el Ejército Trigarante, compuesto por antiguas tropas realistas e independentistas. El 27 de septiembre de 1821, Iturbide hacía su entrada en la Ciudad de México, proclamando oficialmente el Acta de Independencia del Imperio mexicano. Pocos meses después, el 18 de mayo de 1822, una turba armada lo proclamó emperador de México. La coronación se llevó a cabo el 21 de julio de ese mismo año bajo el beneplácito del Congreso, que no tardaría en disolver.

A finales de ese mismo año, algunos militares encabezados por el general López de Santa Anna se le enfrentaron, e Iturbide no tuvo más remedio que reunir al Congreso que había disuelto meses atrás y abdicar ante él, el 19 de marzo de 1823, tras 10 meses de reinado. Poco después marchó al exilio rumbo a Europa, desde donde siguió conspirando. Un año más tarde, en julio de 1824, regresó al país pero fue inmediatamente detenido y fusilado.

EL PRIMER IMPERIO DE MÉXICO LO PROCLAMÓ AGUSTÍN DE ITURBIDE EN JULIO DE 1822 Y DURARÍA 10 MESES

Visita de la embajada de indios Kichapoos al emperador Maximiliano, de Jean-Adolphe Beaucé, 1865, óleo sobre tela.Museo Erzerzog Franz Ferdinand / Castillo de Artstetten, Austria

Los restos de Agustín I, el primer emperador de México, sin duda el más polémico y controvertido caudillo de la patria, reposan desde 1838 en la catedral Metropolitana. Aun considerado un traidor por la historia oficial mexicana, lo cierto es que fue el militar realista que consumó la Independencia de México.

Después, y tras una disputa, entre liberales y conservadores, orquestada por Benito Juárez, el país nuevamente cayó en manos de una monarquía más: Maximiliano de Habsburgo encabezaría esta nueva modalidad de gobierno, que se conoce en la historia como el Segundo Imperio Mexicano.

¿Un arquiduque austriaco en México?

Tras una etapa de enorme inestabilidad en México, como hemos dicho, en mayo de 1864 desembarcaba en Veracruz Maximiliano I de México, el hermano del emperador de Austria. Y es que, tras la Segunda Intervención Francesa en México, Napoleón III ofreció la corona mexicana a este archiduque europeo. Pero ¿cómo un noble austriaco había llegado a coronarse emperador de México? Retrocedamos un poco.

Fernando Maximiliano José de Habsburgo nació en Viena el 6 de julio de 1832. Era el hermano menor del que sería emperador de Austria de 1848 a 1916, Francisco José I. La buena relación fraternal cambia cuando éste se convierte en emperador en 1848, ya que Maximiliano, más liberal, ilustrado, extrovertido y sociable, cree que sería mejor gobernante que su hermano. Es más, está seguro de que sería mucho más querido también. Y algo de ello habría, porque Francisco José, al tanto de que su hermano era más popular y que no le faltaba ambición, se aseguró de que no tuviera ningún papel relevante en la familia imperial. Sin embargo, esto cambia cuando en 1857, a los 25 años, Maximiliano se casa con la princesa Carlota, única hi- ja del rey de los belgas, Leopoldo I, y prima de la reina Victoria, pues el padre de ella insiste en que a su yerno se le dé una posición acorde con la dignidad real de su hija.

MAXIMILIANO EN MÉXICO NO SÓLO NO DEROGÓ LAS LEYES LIBERALES, SINO QUE APROBÓ VARIAS SIMILARES

Así las cosas, en el año 1863, los conservadores mexicanos se acercaron a Maximiliano para ofrecerle ser emperador del país, por considerar que tenía mayor legitimidad que otras figuras reales de la época. Esto es un punto clave en toda esta historia, pues a Maximiliano —consciente de que pertenecía a la casa de Habsburgo, uno de los linajes reales más importantes de Europa— le obsesionaba la historia de su familia y, en particular, de su propio destino. Mientras sopesaban la propuesta, Maximiliano y Carlota viajaron en marzo de 1864 a París, donde el emperador Napoleón III y la emperatriz Eugenia los animaron a aceptar el trono de México. Nada desinteresada era la posición del sobrino del más famoso Napoleón Bonaparte, quien pretende replicar en México lo que él ha hecho en Francia: destruir la república y establecer un imperio. La oportunidad se la brinda la guerra civil que hay entre liberales y conservadores mexicanos. Estos últimos huyen a Francia donde Napoleón —con los ojos puestos en los grandes recursos minerales de México— les ofrece enviar varias decenas de miles de tropas francesas para proclamar una monarquía.

Tras su parada en París, el matrimonio también va a Viena a visitar al emperador Francisco José I. Fue entonces cuando su hermano le pidió que firmara un duro pacto familiar que le obligaba a renunciar (a él y a sus descendientes) a sus derechos a la corona austriaca. Finalmente, en abril de 1864, Maximiliano aceptó ser emperador, abandonó su cargo como jefe de la sección naval de la Armada de Austria y emprendió viaje a México junto con María Carlota. Decidieron vivir en la Ciudad de México, en el Castillo de Chapultepec (el Palacio Nacional de la capital del país no les gustó), al que Maximiliano rebautizó con el nombre de Miravalle.

Arribo de Maximiliano de Habsburgo al Puerto de Veracruz en 1864, para tomar posesión del cargo como emperador de México; lo acompañan Carlota y miembros del gabinete.Trieste / Miramare Castle

El reinado de Maximiliano nunca logró consolidarse debido a la inestabilidad política del país y la presión ejercida sobre Francia por Estados Unidos para que retirara sus tropas de México.ASC

Problemas para Maximiliano I

Ni los conservadores mexicanos ni la monarquía vienesa se imaginaron nunca que su embajador en el Nuevo Mundo llegaría a sentir tanta afinidad con los mexicanos. Lo lógico habría sido que impusiera las primeras ordenanzas centroeuropeas o anglosajonas de gobierno, basadas más en la dominación que en el entendimiento, pero Maximiliano I cambió de planes. Al segundo emperador de México le gustaba cazar mariposas y le interesaba la herbolaria tradicional. Amaba también el arte, de ahí que, cuando se dio cuenta de la riqueza cultural y natural que existía en México, decidiera pronunciarse en favor de la propiedad comunal de los pueblos originarios —e incluso aprendió a hablar náhuatl, para dirigirse a ellos en su lengua madre. Por otro lado, se aplicó por entender la maquinaria social de los pueblos mexicanos. Estaba motivado por fomentar la cultura en México e hizo esfuerzos importantes para conservar un acervo histórico nutrido, y enumeró explícitamente los derechos del hombre y del ciudadano.

Si bien el ofrecimiento de la corona mexicana que le hizo Napoleón III a Maximiliano tenía el apoyo de los monárquicos mexicanos, de la Iglesia católica y de gran parte de la clase conservadora, muy descontenta con las medidas impulsadas hasta entonces por Benito Juárez, lo cierto es que, para desconcierto de los sectores sociales que lo apoyaban, Maximiliano no sólo no derogó las leyes liberales anteriores, como la nacionalización de los bienes eclesiásticos, sino que aprobó otras muchas medidas similares: redujo la jornada laboral, restauró la propiedad comunal y anuló las deudas de los sectores más desfavorecidos. Hasta aprendió náhuatl y publicó leyes en ese idioma, con la voluntad de ganarse las simpatías de los indígenas mexicanos. En la época, incluso se hizo la sátira de: “Juárez indito, Juárez güerito, los dos igualitos”, para denotar el carácter cada vez más liberal que tomaba la administración del Segundo imperio.

El 2 de abril de 1867 las fuerzas juaristas derrotan a las fuerzas del imperio de Maximiliano en Puebla. Esto permitió a los liberales avanzar hacia Querétaro y tomar la Ciudad de México.Museo Nacional de Historia

Resulta obvio que la figura del emperador no resultaba conveniente para esos círculos de poder que se inclinaban hacia una política conservadora. No es de extrañar que, para amplios sectores conservadores y católicos, el emperador Maximiliano pasara directamente a ser considerado un traidor. Si a esto unimos el enojo colectivo local por la imposición de un emperador traído de Europa, fue sencillo “hacerle la cama”. Es cierto que la entrada de Maximiliano a la Ciudad de México fue triunfal, no obstante, los apoyos que creyó haberse ganado gracias a su personalidad carismática, no eran tan sólidos, ni Benito Juárez y sus partidarios le iban a entregar sin pelea el país. La falta de apoyos quebró su proyecto y también las finanzas. Desde el primer día de Maximiliano como emperador, el Estado mexicano estuvo en bancarrota, puesto que Napoléon exigió que de allí salieran los pagos a las tropas francesas en México o se irían. A esto se unió que Estados Unidos decidiera apoyar al liberal Benito Juárez.

PAR A MUCHOS CONSERVADORES DE MÉXICO, MAXIMILIANO SÓLO RESULTÓ SER UN TR AIDOR

Maximiliano no tardaría en sentir el abandono tanto internacional como de los mexicanos. En la primavera de 1866, cuando ya se sentían abandonados por todos, la emperatriz Carlota dio un último paso: visitar a Napoleón III para pedirle en persona que no abandonara la causa mexicana. Así, en julio viajó a Europa, sin embargo, sus peticiones al emperador galo fracasaron, así como las que hizo a su hermano Leopoldo II de Bélgica y a su cuñado Francisco José I de Austria. Cuando vio que no podía contar con el apoyo de ningún monarca de Europa, consternada, envió un telegrama a Maximiliano en el que decía: “¡Todo es inútil!”. Entonces es cuando se manifiestan los primeros síntomas de los trastornos mentales que la atormentarán hasta su muerte y que obligarán a ocultarle durante casi un año la desafortunada muerte de su amado esposo.

TR AS LA RETIRADA DE LOS
FR ANCESES DEL PAÍS LOS LIBER ALES DOMINAR ÁN LA OFENSIVA MILITAR

Cuando en 1866 Napoleón III inicia la retirada de las tropas francesa del país, el Ejército republicano de Benito Juárez toma la ofensiva y ocupa, una tras otra y con gran éxito militar, las plazas y ciudades que los galos dejaban tras de sí. Abandonado a su suerte por mexicanos y franceses, Maximiliano I fue detenido por las tropas juaristas tras el sitio de Querétaro y poco después fusilado en las laderas del cerro de las Campanas el 19 de junio de 1867.

Esta decisión de ejecutar a un líder político fue realmente inesperada, inusual y muy extrema. No sirvió de nada que los países europeos y Estados Unidos pre- sionaran dera que fortalecerá su propio proyecto. Acabar con un símbolo de la monarquía europea era enterrar los planes imperiales de los conservadores y demostrar que México no se doblegaría a las presiones extranjeras. Juárez intentó minimizar la ruptura diplomática con Europa que esto supuso, devolviendo el cuerpo de Maximiliano a Austria, aunque nada se normalizaría hasta 10 años después. diplomáticamente para que se le perdonara la vida, que se le juzgara y luego fuera amnistiado. Pero, no, Juárez quería demostrar su carácter y considera que fortalecerá su propio proyecto. Acabar con un símbolo de la monarquía europea era enterrar los planes imperiales de los conservadores y demostrar que México no se doblegaría a las presiones extranjeras. Juárez intentó minimizar la ruptura diplomática con Europa que esto supuso, devolviendo el cuerpo de Maximiliano a Austria, aunque nada se normalizaría hasta 10 años después.

Rendición de Maximiliano ante el general Mariano Escobedo, Querétaro, 15 de mayo 1867. José Escudero y Espronceda, Benito Juárez, óleo sobre tela, siglo XIX. Palacio Nacional.Museo Nacional de Historia/INAH

Fusilamiento de Maximiliano y sus generales Tomás Mejía y Miguel Miramón en el cerro de las Campanas, 19 de junio de 1867. El suceso marcaría el triunfo del liberalismo en todo el país.Biblioteca Nacional de Francia

Una dinastía efímera

En septiembre de 1865, Maximiliano, que no había tenido hijos con Carlota, decidió —con la total desaprobación de ésta— adoptar a los dos nietos del anterior emperador, Agustín I: Agustín de Iturbide y Green, y su primo, Salvador de Iturbide y Marzán. De este modo, fundó la Casa de Habsburgo-Iturbide. Pero, si bien les otorgó por decreto imperial el título de príncipes de Iturbide, nunca nombraría a Agustín heredero del trono por considerar que no tenía sangre real. Ninguno de ellos heredaría un ya inexistente trono mexicano. Su viuda, Carlota, fue enviada de regreso a Bélgica. Se hospedará hasta su fallecimiento, el 19 de enero de 1927, en el Château de Bouchout del Brabante flamenco —donde había vivido de niña—, condenada como una enferma mental. Pasó el resto de sus días en completa soledad, como la emperatriz fracasada de un imperio que nunca terminó de formarse. Al parecer, su marido intuía el triste final de su esposa, pues se dice que, justo antes de morir, Maximiliano dijo: “¡Pobre Carlota!”.

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En cualquier caso, el reinado del austriaco, aunque efímero, se había prolongado casi tres años, más que el de su predecesor, Agustín I. Aunque en ese tiempo no consiguió consolidar un Estado de derecho en el país y cometió errores políticos que pagó con su vida y al mismo tiempo llevaron a que en México triunfara la república. Tal como afirma Edward Shawcross, autor de Él último emperador de México (Ático de los Libros, 2023), “su mayor legado es el de elevar a Benito Juárez al estatus de héroe nacional en México, como refundador de la república”.

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