India ha estado en la noticia en los últimos meses por sus logros. El 9 y 10 de septiembre fue el anfitrión de una exitosa cumbre del G20. Unas semanas antes, en plena reunión de los BRICS, el primer ministro Narendra Modi informó que una misión no tripulada había llegado al polo sur de la luna, un logro inédito.

La economía también vive un momento dulce. La inflación ha moderado su ritmo, en 2022 el PIB creció en torno a 7%, y si las predicciones del Fondo Monetario Internacional se cumplen, su economía vivirá este año una expansión superior a 6%, el doble que el conjunto del planeta.

India también puede presumir que rebasó a Reino Unido —su antigua potencia colonial— como la quinta mayor economía del mundo, mientras que analistas señalan que hacia el final de la década será la tercera potencia económica en el mundo.

Tras esta imagen de desarrollo, el país aún debe lidiar con problemas estructurales que están lastrando su desarrollo: la pobreza de una parte importante de su población y la desigualdad económica.

India “tiene una capacidad institucional débil, un sistema judicial sobrecargado, falta de puestos de trabajo y brechas de gobernabilidad en varios niveles administrativos de gobiernos estatales y locales”, dijo a El País Amitendu Palit, investigador del Instituto de Estudios del sudeste asiático de la Universidad Nacional de Singapur y exministro de Finanzas del país.

Pobreza

El gran crecimiento económico de India, en parte impulsado por la juventud de su población, no puede ocultar otras realidad que este país vive. El PIB per cápita apenas alcanzaba en 2021 los 2,386 dólares, similar a la de Kenia (2,099 dólares) y muy lejos de las potencias con las que el gobierno del Modi suele compararse, en China supera los 12,720 dólares y en el Reino Unido los 45,840 dólares.

Sin embargo, el país tiene algunas cifras que celebrar en este aspecto. Casi 135 millones de personas, alrededor de 10% de la población de la India, escaparon de la pobreza en los últimos cinco años hasta marzo de 2021, de acuerdo con un informe del gobierno indio publicado en julio.

Las zonas rurales vieron la caída más fuerte de la pobreza, según el estudio, que utilizó el Índice de Pobreza Multidimensional (MPI) de las Naciones Unidas, basado en 12 indicadores como la desnutrición, la educación y el saneamiento. Si las personas están privadas en tres o más áreas, se les identifica como «pobres de MPI”.

«Las mejoras en la nutrición, los años de escolarización, el saneamiento y el combustible de cocina desempeñaron un papel importante en la reducción de la pobreza», dijo a la agencia Reuters Suman Bery, vicepresidente del NITI Aayog, el grupo de expertos del gobierno que publicó el informe.

El porcentaje de la población que vive en la pobreza cayó a 15% en 2019-21 desde 25% en 2015/16, según el informe, que se basó en la Encuesta Nacional de Salud Familiar 2019-21.

Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), publicado la semana pasada, detalló que el número de personas que viven en la pobreza multidimensional se redujo a 16.4 % de la población de la India en 2021, desde 55% en 2005.

Según las estimaciones del PNUD, el número de personas que vivían por debajo de la línea de pobreza de 2.15 dólares por día, había disminuido a 10% en la India en 2021.

El gobierno federal de la India ofrece cereales alimenticios gratuitos a alrededor de 800 millones de personas, alrededor de 57% de la población de 1,400 millones del país, mientras que los estados gastan miles de millones de dólares en subvencionar la educación, la salud, la electricidad y otros servicios.

Desigualdad

India es uno de los países más desiguales del mundo. De acuerdo con un informe de Oxfam, el 1% más rico posee 40.5% del patrimonio de India, mientras que el 50% más pobre de la población en India solo posee 3% de la riqueza del país.

“Mientras que el país sufre múltiples crisis como el hambre, el desempleo, la inflación y las calamidades de salud, los multimillonarios de la India lo están haciendo extremadamente bien por sí mismos. Mientras tanto, los pobres en la India no pueden permitirse ni siquiera las necesidades básicas para sobrevivir” , dijo Amitabh Behar, CEO of Oxfam India, de acuerdo con un comunicado.

La organización afirma que el número de indios hambrientos aumentó a 350 millones en 2022 desde 190 millones en 2018.

Además de la inequidad social, existen importantes desigualdades entre el norte del país, históricamente más pobre, y el sur de la península. Y el norte, donde los porcentajes de pobreza son mayores, también es el motor del crecimiento demográfico de India, que este año se convirtió en el país más habitado del mundo.

Los estados más pobres del norte, noroeste y este—Bihar, Jharkhand, Rajasthan, Bengala Occidental y Uttar Pradesh— son el hogar colectivo de casi 600 m de personas, o más de 40% de los indios.

“Una combinación de desigualdad regional persistente y las marcadas diferencias en el crecimiento de la población amenazan con reforzar, y potencialmente empeorar, las divisiones políticas del país. Eso, a su vez, podría perjudicar el crecimiento económico futuro y hacer que sea cada vez más difícil cerrar la brecha”, indica un reporte de The Economist.

A esto hay que sumarle que el sistema de casta sigue vigente en India. Según el tipo de trabajo que desempeñaban en la antigua sociedad India, encontramos a los brahmanes o sacerdotes; los khastriyas guerreros y administradores; los vaishyas comerciantes; y los Shudras, que se dedican a trabajos manuales.

En el estrato más bajo de la sociedad encontraríamos a los “intocables” o dalits, que supone la población excluida, y representan aproximadamente 16% de la población, lo que serían cerca de unos 200 millones de personas. Este grupo social se caracteriza por ser el más discriminado, ya que viven condenados a una vida de pobreza y desigualdad económica, laboral y social.

En cambio, los brahmanes suelen tener acceso a una mejor educación. Por ejemplo, el jefe de Microsoft, Satya Nadella, y el jefe de Google, Sundar Pichai pertenecen a esta casta.

Discriminación a las minorías religiosas

Desde la elección en 2014 de Narendra Modi como primer ministro, están ganando fuerza los grupos que consideran India como un país principalmente hindú y a su minoría musulmana constituye como forasteros peligrosos.

En octubre de 2022, la organización Human Rights Watch denunció un aumento de la violencia contra la comunidad musulmana en India, sobre todo en las regiones gobernadas por el hinduista BJP, el partido al que pertenece Modi.

«Las autoridades de varios estados indios están cometiendo actos de violencia contra los musulmanes como una especie de castigo sumario», denunció en un comunicado la directora de HRW para el Sur de Asia, Meenakshi Ganguly.

Las violaciones del Estado de derecho por parte de las fuerzas de seguridad sobre esta comunidad, resaltó, «están enviando un mensaje al público de que los musulmanes pueden ser discriminados y atacados» sin temor a represalias.

India ha vivido en el pasado sangrientos choques entre hindúes y musulmanes que han dejado miles de muertos y heridos.

También la minoría cristiana ha sufrido de ataques. Al menos 120 personas murieron desde mayo en enfrentamientos armados entre la mayoría meitei, predominantemente hindú, y la comunidad cristiana kuki en Manipur, un estado del noreste, en la frontera con Birmania.

Recientemente, un grupo de mujeres incendió las casas de cuatro sospechosos, presuntamente meitei, de haber hecho desfilar desnudas por la calle a dos cristianas de la tribu kuki, entre burlas y acosos.

Otra cara de este conflicto son los centros de culto quemados: 220 iglesias y 17 templos hindúes en meses de violencia acometida por grupos de justicieros, según una información de la revista India Today.

Los motivos del conflicto son complejos: tierras, derechos, poder.

Los kuki se oponen a las demandas de los meitei para reservar a su colectivo cuotas en empleos públicos y admisiones públicas como un método de discriminación positiva y temen que esto les permita adquirir tierras en zonas actualmente destinadas a grupos tribales.

El ministro de Interior indio, Amit Shah, prometió «una investigación exhaustiva, profunda e imparcial» sobre la violencia y afirmó que el gobierno «está hombro con hombro con el pueblo de Manipur».

Ajai Sahni, director del Instituto para la Gestión de Conflictos en Nueva Delhi, dijo al New York Times que lo que distinguió la reciente violencia en la India de su larga historia de enfrentamientos sectarios mucho más sangrientos fue la actitud del gobierno.

«El Estado siempre se distanció teóricamente de tal violencia. Siempre hubo una reafirmación, al menos verbalmente, del orden constitucional y del orden secular», dijo Sahni. Bajo el gobierno de Modi, «hay pruebas claras, digamos, de apoyo o respaldo del Estado para posiciones extremistas».

Por Agencias