El peso mexicano consolida su fortaleza frente al dólar, impulsado por el ‘nearshoring’ y las expectativas del Mundial de Fútbol 2026, mientras el Gobierno anuncia un ambicioso plan de inversión en infraestructura por 5,6 billones de pesos para reactivar una economía que crece con debilidad.
México vuelve al centro del radar financiero internacional tras la debilidad del dólar a nivel global. Su moneda, el también llamado “súper peso”, se ha convertido en una de las más sólidas de América Latina en medio de un contexto de incertidumbre global y movimientos geopolíticos al ritmo de los aranceles de Estados Unidos.
El fenómeno, que en 2025 también benefició a divisas como el peso colombiano y el real brasileño, ha sido especialmente marcado en el caso mexicano, con una apreciación superior al 13% en el acumulado del año pasado mientras da señales de continuidad en 2026.
En la jornada más reciente, el dólar se negoció en promedio en torno a los 17,26 pesos mexicanos, de acuerdo con reportes de mercado y datos de Dow Jones de este miércoles 4 de febrero.
Aunque en los últimos 30 días el billete verde registra un alza cercana al 3,8%, en la comparación anual mantiene una caída de más del 16%, reflejo de una tendencia de fondo que ha favorecido a varias monedas emergentes. Dentro de este grupo, el peso mexicano ha escalado hasta la quinta posición entre las divisas con mayor apreciación frente al dólar.
Los analistas coinciden en que detrás de este desempeño confluyen factores estructurales y coyunturales. El avance del ‘nearshoring’, que ha reforzado los flujos de inversión industrial hacia México, y la expectativa de una fuerte entrada de divisas asociada al Mundial de Fútbol de 2026 han fortalecido la demanda por pesos. En esta competencia deportiva, México será sede oficial junto con sus vecinos de Canadá y Estados Unidos.
A esto se suma la posibilidad de una flexibilización de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal (Fed) hacia finales de 2025 y durante 2026, un escenario que podría seguir debilitando al dólar a escala global. Sin embargo, este sigue siendo un terreno incierto, pues con el posible nuevo presidente de la Fed no se conoce cuál sería el camino que tomaría el Banco Central estadounidense.
Las proyecciones oficiales y privadas anticipan que, pese al actual fortalecimiento del peso, el tipo de cambio podría ubicarse al cierre de 2026 en un rango de 19,30 a 20,50 pesos por dólar. Un sondeo de Reuters sitúa la cotización cerca del centro del rango histórico de la última década, entre 16 y 22 pesos, en un escenario de crecimiento moderado del PIB y mayor protagonismo de la inversión pública y mixta como motor económico.
Las dos caras de la moneda
Sin embargo, la fortaleza cambiaria también muestra su reverso. Un peso más fuerte reduce el valor en moneda local de las remesas que reciben millones de familias mexicanas desde Estados Unidos, mientras que abarata los viajes y las compras en economías dolarizadas.
La volatilidad futura dependerá, además, de variables como el crecimiento económico, la renegociación del acuerdo comercial entre los tres países norteamericanos, T-MEC, y las políticas arancelarias de Washington.
En paralelo a este contexto cambiario, el Gobierno mexicano anunció un ambicioso plan de inversión en infraestructura pública y mixta por 5,9 billones de pesos para el periodo 2026-2030, equivalente a unos 323.400 millones de dólares.
La iniciativa busca reactivar una economía que en 2025 apenas creció un marginal 0,5%, su peor desempeño desde 2020 cuando la mayoría de economías en el mundo tuvieron una contracción de su PIB.
La iniciativa, sin embargo, contará con una inversión en energía que concentrará más de la mitad de los recursos, seguida por trenes, carreteras, puertos, salud y agua, con una inversión adicional en 2026 cercana al 2% del PIB.