Washington reducirá al 15% los aranceles a productos taiwaneses a cambio de millonarias inversiones en fábricas de semiconductores en suelo estadounidense. El acuerdo refuerza la alianza tecnológica, reordena cadenas de suministro estratégicas y mantiene a China en alerta.
Un nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos y Taiwán marca un punto de inflexión en la competencia global por los semiconductores, insumos indispensables para la inteligencia artificial, la defensa y la economía digital.
El pacto planea reducir los aranceles estadounidenses a los productos taiwaneses desde el 20% actual al 15%, alineándose con los que lograron la Unión Europea y Japón, y abre la puerta a una inversión sin precedentes de la isla en territorio norteamericano.
A cambio de la rebaja arancelaria, Washington obtuvo compromisos de inversión por “al menos 250.000 millones de dólares” por parte de empresas taiwanesas del sector de semiconductores, además de garantías de crédito por una cifra equivalente.
El objetivo es fortalecer el ecosistema y la cadena de suministro de chips en Estados Unidos, en plena carrera tecnológica por la inteligencia artificial. Actualmente, aunque la empresa es de origen taiwanés, también tiene sus fábricas en Japón y Estados Unidos.
“El propósito es traer el 40% de la cadena de suministro de semiconductores de Taiwán aquí”, afirmó el secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, al subrayar que estos componentes son esenciales para la seguridad nacional.
Según Lutnick, Estados Unidos no puede depender de un proveedor ubicado a casi 15.000 kilómetros para abastecer productos estratégicos, y por ende, es indispensable que la fábrica ubicada en Phoenix, Arizona, cuente con una inyección importante de dinero para poder seguir operando en territorio estadounidense.
El acuerdo incluye otros componentes relevantes. Medicamentos genéricos, sus ingredientes activos, recursos naturales no disponibles en Estados Unidos y componentes para la aviación quedarán exentos de derechos aduaneros.
Para Taiwán, esto supone una relajación significativa en sectores clave de su comercio exterior; para Washington, garantiza acceso preferencial a insumos que no puede producir localmente.
Un acuerdo cocinado a fuego lento
Las negociaciones se iniciaron en abril de 2025 cuando Trump desplegó su guerra arancelaria, en ese momento el mandatario amenazó con imponer un arancel del 32% a las exportaciones taiwanesas, posteriormente reducido al 20%.
El nuevo pacto consolida una desescalada parcial dentro de la política arancelaria impulsada por la Casa Blanca, que ha combinado gravámenes generalizados con excepciones estratégicas.
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Un actor central en este proceso ha sido TSMC, la mayor y más avanzada fundición de semiconductores del mundo. En Taipéi, la capital es considerada un activo estratégico y un elemento de peso en la negociación y esperan que su auge se potencie mientras la demanda por los semiconductores se ve alimentada por el avance de la inteligencia artificial (IA).
Desde Taipéi, el primer ministro Cho Jung-tai calificó el acuerdo como un “éxito bien ejecutado” tras meses de conversaciones complejas, el ministro de Economía, Kung Ming-hsin, aseguró que Taiwán seguirá siendo el productor más importante de semiconductores de IA del mundo y según las proyecciones oficiales, la producción de chips avanzados se repartirá aproximadamente en una proporción de 85-15 entre Taiwán y Estados Unidos para 2030, y de 80-20 para 2036.
«Taiwán tiene su ‘montaña sagrada protegiendo a la nación’, que es TSMC. A menudo decimos que mientras el pico principal permanezca en Taiwán y esté anclado en Taiwán, Taiwán es la montaña. Entonces podremos estar establecidos en Taiwán, desplegarnos estratégicamente a nivel global y comercializar a todo el mundo”, declaró el primer ministro de Taiwán, Jung-tai Cho.
El enojo de China no se hace esperar. Y el acercamiento entre Washington y Taipéi no pasa desapercibido en Beijing. China, que considera a Taiwán parte de su territorio, observa con atención cualquier movimiento que refuerce la posición internacional de la isla, especialmente en un sector tan sensible como el de los chips, en plena competencia por el liderazgo tecnológico.